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Abril 2001
¿Por qué algunos productores siguen utilizando
la labranza convencional?
Por definición
la labranza tradicional o convencional es la labranza que se hace tradicionalmente, en una
determinada zona para un determinado cultivo.
En general se
asocia al término labranza convencional con la realización de laboreos agresivos que,
mal utilizados por plazos no demasiado prolongados, pueden afectar la integridad del
suelo, especialmente en suelos de baja estabilidad y/o con pendiente. Por lo general, esto
se maneja o se decide con mucho de costumbre o de tradición.
De todas maneras,
el laboreo convencional es una buena forma de lograr algunos objetivos de manejo, como por
ejemplo control de malezas, control de algunas plagas y la mineralización de algunos
nutrientes, básicamente nitrógeno que en nuestra zona es un nutriente deficitario a
pesar del tipo de suelo rico en materia orgánica que tenemos.
Cuando ejercemos
una labranza agresiva sobre el suelo incorporamos los rastrojos y agilizamos su
descomposición y la mineralización de la materia orgánica con la consecuente
liberación de nitrógeno, otros nutrientes importantes y, también, de dióxido de
carbono, que es uno de los gases responsables del efecto invernadero.
El fundamento por
el que los primeros agricultores empezaron a laborear el suelo, fue crear un ambiente de
suelo adecuado para el crecimiento de los cultivos iniciando por crear una cama adecuada
para colocar la semilla bien en contacto con el suelo para que germinara rápida y
uniformemente. Quizás por un exceso de celo, se refina demasiado el suelo, pero no es
necesario. Se puede lograr un buen contacto de la semilla con el suelo aunque tenga cierto
nivel de cascotes, de partículas grandes, entendiendo por tales aquéllas que son más
grandes que la semilla.
Entonces, las
ventajas fundamentales de la labranza convencional serían:
- Control de malezas.
- Liberación de nutrientes.
- Control de algunas plagas.
- Garantizar una rápida y uniforme emergencia del
cultivo
¿Cómo se ve afectada el agua contenida en el
perfil del suelo con la labranza convencional?
Este es uno de
los problemas de la labranza convencional o de cualquier laboreo que signifique un
movimiento de suelo. Al remover el suelo no sólo se expone a la materia orgánica para
que se mineralice sino que también deja expuesta el agua retenida en los poros para que
se evapore. Laboreos sucesivos exponen al suelo a que siga evaporando su agua y es un
problema.
Desde el punto de
vista de nuestra zona, el sudeste de la provincia de Buenos Aires, hay altas
probabilidades de que al momento de la siembra del trigo el suelo esté cargado de agua,
independientemente del laboreo que se haya hecho. No obstante, sí puede suceder que a
pesar de que el perfil del suelo esté con su capacidad colmada; la capa superficial,
donde se tiene que sembrar, esté seca, haciendo necesario esperar el rehumedecimiento
para poder hacerlo.
De todas maneras
cuando se siembra el trigo en julio-agosto, que es lo más común, por lo general, no hay
problemas de este tipo. Pero en años secos, los primeros 5 a 10 centímetros pueden
secarse demasiado y la semilla tener problemas de imbibición y, con ello, de germinación
despareja dando como resultado una implantación deficiente y aumentando la posibilidad de
incidencia de enfermedades y plagas.
Otro de los
problemas de las labranzas que dejan el suelo desnudo, como la convencional, es cuando
llueve con cierta intensidad. Esta lluvia se asocia a gotas muy grandes, cargadas de mucha
energía que tienen la capacidad de romper los agregados del suelo y, por lo tanto, de
producir planchado y reducir el ingreso de agua al suelo.
¿Qué es el planchado?
El planchado se
produce cuando las partículas resultantes de la rotura de los agregados del suelo tienden
a tapar los poros sellándolos y formando una costra cuando se seca.
A su vez si el
suelo está en pendiente y no está con condiciones de absorber toda el agua que cae,
ésta comienza a correr por la superficie, arrastrando las partículas desprendidas. Este
es el fenómeno de erosión hídrica que es un problema bastante generalizado en el
sudeste bonaerense. Es un problema muy serio porque se pierde el suelo más fértil y con
ello muchas de sus propiedades.
¿Cómo afecta la labranza agresiva a la materia
orgánica del suelo?
Lo que se hace
con el laboreo es simplemente romper los agregados del suelo, exponer materia orgánica,
aumentar la oxigenación del sistema, y aumentar la actividad biológica.
El tema del
carbono, que es la materia orgánica del suelo, es una cuestión de balance entre lo que
se mineraliza, que es una buena parte de lo que se pierde además de lo que se va por
erosión, y lo que se gana a través de los residuos vegetales que vuelven al suelo. Esto
depende de la historia del lote, qué cultivos hubo, cuál fue su rendimiento, ya que esto
condiciona la cantidad de rastrojo, y también de qué se hizo con el rastrojo, si se
pastoreó, se enrolló o enfardó, o si se incorporó o no.
Si nosotros
provocamos mineralización intensa y no reponemos una cantidad acorde de materiales
vegetales, nuestro balance será negativo y estaremos perdiendo materia orgánica. Eso es
lo que ocurre en general con la labranza convencional.
Si no se hace un manejo adecuado, ¿cuáles son
las consecuencias de la pérdida de materia orgánica?
La materia
orgánica es uno de los factores clave en el manejo del suelo ya que es la encargada de un
gran número de funciones en el suelo.
Es el sustrato de
los microorganismos que viven en el suelo, el alimento natural. Ellos hacen las
transformaciones en el suelo cuyo producto luego aprovecha la planta.
También tiene la
función de mantener la estructura física del suelo. Si el suelo pierde materia
orgánica, pierde su capacidad de resistir los cambios provocados por el uso. Los
agregados se hacen más débiles. Los poros tienden a ser más chicos o directamente a
perderse, limitando el intercambio de gases y el pasaje del agua y retención de agua.
La materia
orgánica es el reservorio de nitrógeno en el suelo, si disminuye el contenido de materia
orgánica se reduce la capacidad del suelo de aportar nitrógeno a los cultivos. Algo
similar ocurre con otros nutrientes (p.ej. fósforo, azufre).
Además de todo
eso, en las últimas décadas, se está dando importancia al manejo de suelo en cuanto a
su posibilidad de influir en lo que se denomina secuestro de carbono.
Todos sabemos que
el dióxido de carbono es uno de los gases que provocan el efecto invernadero. Cuando se
mineraliza la materia orgánica o se descomponen los residuos se elimina a la atmósfera
una gran cantidad de ese gas.
Si a través de
manejo podemos fijar materia orgánica al suelo en lugar de mineralizarla tan activamente,
estaríamos reduciendo una buena parte del dióxido de carbono que surge del suelo hacia
la atmósfera. Sería una contribución de la agricultura hacia el ambiente. Con la
labranza convencional este logro se hace un poco dífícil.
La labranza
convencional tiene otro inconveniente que es el consumo de combustibles fósiles que
también contribuye al efecto invernadero. Menos labranzas significa menor utilización de
combustibles y, por lo tanto, menor emisión de gases hacia la atmósfera.
Mantener la
materia orgánica es un objetivo importante en un sistema de producción.
¿Hay alguna manera de minimizar los
inconvenientes que provoca el uso de la labranza convencional?
El punto de
partida para toda decisión de manejo de suelo es conocer sobre qué suelo uno va a
empezar a trabajar. Conocer el suelo no sólo significa conocer las características
propias del suelo sino también en qué posición del paisaje está ubicado. Entonces, una
forma de mejorar el uso de las labranzas es discriminar en qué suelo y en qué época del
año se la va a emplear dependiendo de los efectos que se espera produzca y de las
características del ambiente.
Si estamos
trabajando sobre suelos de bajo contenido de materia orgánica, con textura arenosa o
tendiendo a ser arenosa sería recomendable no emplear labranza convencional.
Por otro lado, no
debería utilizarse labranza convencional en las épocas del año en que las lluvias son
potencialmente erosivas y, por supuesto, tampoco en los sectores donde el suelo esté en
pendiente.
La recomendación
para reducir los efectos de la labranza convencional es hacer la menor cantidad de
operaciones que sea posible o indispensable. Hacer las operaciones de laboreo en las
condiciones óptimas de suelo para cada tipo de labor, ni demasiado seco ni demasiado
húmedo, ni a demasiada velocidad ni a demasiada profundidad. Cada operación con la
agresividad más adecuada para la humedad que tenga, con la velocidad de trabajo que
corresponda y con el menor número de pasadas posible. Sólo lo que sea estrictamente
necesario.
Esto significa,
que podamos colocar la semilla en camas de siembra que no necesariamente tienen que estar
hechas un polvo, que pueden tener cierto grado de cascotes, combinando esto con la
sembradora que se va a utilizar. No todas las sembradoras hacen bien su trabajo cuando el
suelo está algo "cascotudo".
Si el productor o
el contratista no cuentan con máquinas sembradoras que trabajen bien esas condiciones,
habrá que hacer otro tipo de laboreo para reducir aún más el tamaño de partícula y
permitir una buena siembra, aunque, sabemos, se incrementan los riesgos de dañar al
suelo. Todas las decisiones de manejo tienen que tener en cuenta al sistema de manera
integral.
En concepto
general cuanto menos operaciones se hagan, menos efectos negativos en el sistema vamos a
tener.
Resumiendo, para
mejorar lo que llamamos labranza convencional tendríamos que, primero, tomar la decisión
en función del ambiente y la época del año en que lo vamos a hacer y, segundo, pensar
en hacer la menor cantidad posible de pasadas de máquinas, con la humedad del suelo y la
velocidad de trabajo adecuadas. El objetivo fundamental es lograr el cultivo con el menor
daño posible al suelo y reponiendo todo lo que sea necesario.
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* Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad Nacional de Mar del
Plata - UIB Balcarce
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