Logo del INTA > Página de inicio

 

Instituto Nacional
de Tecnología Agropecuaria 

Estación Experimental
Agropecuaria Balcarce

 

 

 

Principal ] Arriba ] Actividades ] Información ] Institucional ] Contactos ] Actualidad ]

   

Inicio > Información > Por tema > Agricultura > Recursos Naturales > Suelos - Sustentabilidad

 

Sustentabilidad de la agricultura en la región pampeana

   

Roberto Casas

Clima y Agua - Castelar

Setiembre 2003

 
 

 

Figura 1

 

La colonización de las tierras de la región pampeana Argentina se inicia hacia finales del siglo XIX sobre suelos con elevados contenidos de materia orgánica y una condición estructural óptima. Esta situación constituía un ámbito de alta resiliencia en la cual los disturbios ocasionados por el arado de reja y vertedera y una utilización inadecuada del suelo, permitirán una recuperación “sin daños” y así conservar el ámbito original (Figura 1).

Desde principios del siglo XX y particularmente en el primer cuarto de siglo se produce una fuerte expansión agrícola en La Pampa y sur de Córdoba que se suma a la ocurrida inicialmente en Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Este período que abarca aproximadamente hasta 1940, se caracteriza por un incremento de la vulnerabilidad de los suelos que se manifiesta por el descenso del contenido de materia orgánica de los suelos e intensos procesos de erosión eólica e hídrica que se generalizan en el área agrícola.

Esta situación, a la que se suma las sequías de los años 1937 y 1938 que afectó a La Pampa, sur de Córdoba y San Luis, generó una toma de conciencia por parte de la sociedad sobre el estado de degradación de los suelos, su fragilidad y las consecuencias negativas desde el punto de vista social y económico. Durante la década del 40, se logró paulatinamente estabilizar el ciclo de deterioro y erosión de los suelos. La sustitución creciente de cultivos de cosecha por alfalfa, la mayor superficie destinada a la ganadería, el mejor uso de residuos de cosecha y planes masivos de forestación, caracterizaron a este período de “reacción” que permitió el ciclo de recarga ecológica que se plasmó a partir de 1950.

Este período se caracterizó por la vigencia de un modelo mixto de explotación de la tierra con alternancia de ciclos con pasturas a base de alfalfa que restituían la fertilidad y las condiciones físicas, con un ciclo agrícola que “consumía” la fertilidad acumulada por la pastura.

Inconscientemente este sistema adoptado por razones económicas y sociales, resultó ser una solución conservacionista y sustentable (Solbrig, 1997).

A partir de 1970 los suelos de la región pampeana sufrieron una extraordinaria transformación de la actividad agrícola caracterizada por el gran aumento de la producción, adopción de moderna tecnología y desarrollo de nuevas formas organizativas para producir. Desde comienzos de la década se inició este proceso de agriculturización en coincidencia con la expansión del cultivo de soja que permitía combinarlo con el trigo de tal forma de obtener dos cosechas en un año. En el período 1971 – 85 se registraron excesos hídricos directamente relacionados con la exitosa penetración del doble cultivo trigo – soja y la expansión de la frontera agrícola hacia el oeste de la región pampeana (Morello y col., 1991). La intensificación agrícola se realizó a base de labranzas convencionales que incrementaron los procesos de erosión hídrica.

Esta modalidad de producción, intensificó los procesos de degradación de los suelos con un progresivo deterioro de la capacidad productiva, incremento de los riesgos de sequía, mayores costos de producción y descenso de los rendimientos en tierras degradadas. Estos procesos se manifiestan con mayor intensidad en las zonas más frágiles por condiciones de semiaridez (región pampeana semiárida), pendientes (subregión pampeana ondulada y periserrana del sur de la provincia de Buenos Aires) o profundidad del perfil (suelos con horizonte petrocálcico del sur de la provincia de Buenos Aires).

La intensificación de la agricultura en la región Pampeana y el desplazamiento de las isohietas hacia el oeste, provocaron el desmonte de los bosques de Caldén en la provincia de La Pampa sobre suelos de alta susceptibilidad a la erosión eólica. También en la provincia de Entre Ríos, la frontera avanzó sobre los bosques de ñandubay, en suelos susceptibles a la erosión hídrica.

Es importante señalar que el proceso de agriculturización de la Región Pampeana, afectó negativamente a regiones extrapampeanas. Con el estímulo del ciclo húmedo imperante y el escaso valor de la tierra, comenzó un importante proceso de expansión de la frontera agropecuaria en la región Chaqueña. Este proceso provocó la ganaderización de la frontera oriental y la expansión del cultivo de poroto y la ganadería en la occidental (Morello et al, 1991) en una primera etapa y luego la difusión del cultivo de soja en la provincia de Santiago del Estero, Chaco, Salta y Tucumán (Casas, 2001).

 
   

Causas principales de la declinación de la productividad de los suelos

Si bien las causas que determinan la disminución de la productividad de los suelos son múltiples e interactúan entre sí, algunas de ellas tienen una incidencia mayor que el resto.

Un estudio efectuado sobre un amplio sector afectado por erosión hídrica en el norte de la provincia de Buenos Aires permitió obtener ecuaciones de regresión simple y múltiple entre diferentes parámetros edáficos y el rendimiento de cultivos de soja, trigo y maíz (Cuadro 1, Irurtia y Mon, 2000).

Ver Cuadro 1. Correlación entre rendimientos de soja, trigo y maíz, y parámetros edáficos en Argiudoles de la Pampa ondulada (Irurtia y Mon), 2000)

 

 

Figura 2.

 

Figura 3.

 

Figura 4.

 

Los resultados obtenidos muestran que los parámetros que mejor correlacionan con los rendimientos son la profundidad del horizonte argílico (B2 textural), la tasa de erosión actual y los contenidos de materia orgánica y fósforo asimilable.

Las rotaciones y el incremento de la Materia Orgánica

La agricultura pampeana tal como se comentó a lo largo de más de un siglo de actividad, ha producido un balance negativo del stock de carbono de los suelos. Así a principio del siglo XX los suelos pampeanos del sector húmedo, poseían niveles de materia orgánica superiores al 3 por ciento, que alcanzaban o superaban el 4 por ciento en los sectores más fértiles (Figura 2).

En la década del 60 se observa un leve descenso de contenidos de materia orgánica, con valores próximos al 3 por ciento. Uno de los sectores más afectados es el área de chacras del sur de la provincia de Santa Fe, con contenidos ligeramente inferiores al 3 por ciento (Figura 3).

Una evaluación realizada por el Instituto de Suelos en la década del 80, en pleno proceso de agriculturización, arroja un descenso generalizado de los contenidos de materia orgánica en suelos bajo agricultura, con valores entre 2,4 y 3 por ciento. En el sureste de Córdoba, sur de Santa Fe y noroeste de Buenos Aires se registraron valores entre 2,1 y 2,4 por ciento de materia orgánica (Figura 4).

 

Figura 5. El aporte de carbono orgánico al suelo

 

Un estudio realizado sobre las principales series de suelos argiudoles del norte de la región pampeana en relación a su condición prístina señalan pérdidas entre el 35 y 64 por ciento para suelos en agricultura continua con sistemas de labranza convencionales y pérdidas del 25 al 62 por ciento para suelos en rotación agrícolo ganadera. (Casas, 2003). Un estadio realizado en un Argiudol típico de la zona de Balcarce muestra descenso de la materia orgánica total y la materia orgánica joven después de trece años de agricultura (Casanovas y col., Studdert y Echeverria, 1995).

Una cuantificación de la evaluación del stock de carbono orgánico del suelo con los años de agricultura convencional (reja y vertedera), con labranza vertical (arado, cincel) y siembra directa en la zona de Pergamino, muestra un descenso para la agricultura convencional, un mantenimiento del stock para la labranza vertical y aumento del carbono con la siembra directa (Andriulo, Sasal y Rivero, 2001).

La producción sustentable debe basarse en sistemas que incrementes el stock de carbono del suelo, proceso que dependerá de múltiples factores de los cuales se analizarán los principales. La fuente primaria de carbono orgánico, está constituida por las partes aéreas no cosechadas de los cultivos, las raíces y exudados radicales. Una vez en el suelo, el COS podrá seguir la vía de la mineralización transformándose en CO2 y escapando a la atmósfera o almacenarse en el suelo mediante la humificación (Figura 5).

Factores tales como la localización y composición de los residuos, el clima, las propiedades físicas y la fertilidad del suelo, influyen en forma decisiva en la dinámica y niveles de equilibrio de la MOS. Cuanto mayor es el contacto de los residuos con el suelo, como sucede en labranza convencional, mayor será la velocidad de descomposición y mineralización. La situación inversa se produce en la siembra directa con un proceso de descomposición mas lento y gradual. La calidad y composición de los residuos juegan un rol fundamental en la velocidad de descomposición y por lo tanto en su perdurabilidad. Los residuos de maíz y trigo poseen una relación C:N próxima a 100 o superior, lo cual significa que son pobres en nitrógeno y por lo tanto de descomposición lenta. Por el contrario, los rastrojos de soja y girasol poseen una relación C:N cercana a 50 la cual lo cual significa que se descompondrá rápidamente, suministrando gran cantidad de nutrientes al cultivo siguiente (Cuadro 2). También es importante la fracción de compuestos solubles ya que regula la primera fase de la descomposición de los residuos (Andriulo y Cordone, 1988).

 
   

Ver Cuadro 2: Producción de materia seca y características de los residuos de cosecha

 

Figura 6

 

 

Las propiedades físicas del suelo, especialmente la textura y porosidad, ligadas a la dinámica del agua y del aire juegan un importante rol en el balance mineralización-humificación del COS. El medio ideal para la formación de polímeros húmicos es microaerófilo, es decir un medio suficientemente aireados con alternancia de periodos cortos y poco pronunciados de anaerobiosis (Conti, 1998). En este sentido, la siembra directa proveé un medio excelente para este proceso y para el incremento de fracciones de materia orgánica joven, ligadas a la fertilidad actual del suelo. En la Figura 6 se observa el comienzo de la descomposición de los residuos por parte de los insectos del suelo, los que lo particionan y metabolizan, facilitando el ataque de los microorganismos. También pueden observarse los bioporos que se producen por acción de las raíces, insectos y anélidos de importancia fundamental para el mantenimiento de las funciones del suelo e incremento del stock de carbono. La fertilidad del suelo, está estrechamente relacionada con la producción de biomasa la cual a su vez tiene una relación directa con el aumento de COS.

 

Figura 7

 

 

 

Figura 8. Calidad de materia orgánica en las profundidades 0 - 5 y 5 - 10 cm

 

 

El agricultor a través del manejo de cada agrosistema específico modifica el equilibrio de las fracciones de MOS hasta alcanzar el nuevo nivel de equilibrio, afectando positivamente o negativamente la sustentabilidad el sistema. Así puede influir directamente sobre la tasa de adicción y descomposición de residuos, según efectué siembra directa u otros sistema con labranzas y según la rotación seleccionada (Figura 7). La Tasa de adición de residuos constituye un punto fundamental para la dinámica del COS. Esta demostrado que a mayor cantidad de materia seca incorporada al suelo, mayor será la cantidad de MOS almacenada. Es por esta circunstancia que es conveniente la incorporación de cultivos como el maíz o sorgo en la rotación ya que aportan el doble de materia seca que la soja de primera y el tripe de una de segunda. Tal como se analizó, también es importante la calidad del residuo, debiendo apuntar a incluir en la rotación aquellos cultivos de relación C:N elevadas, tales como el maíz o el trigo, de descomposición mas lenta y mayor perdurabilidad sobre el suelo (Cuadro 2).

Por supuesto que es fundamental el control de la erosión del suelo, para lo cual el sistema de siembra directa solo, o combinado con praácticas estructurales como terrazas en áreas de pedemonte, es fundamental para mantener la integridad del suelo y la sustentabilidad del sistema.

Mediante el manejo de los factores mencionados se podrían modificar los distintos “compartimientos” de la MOS, constituidos por la materia orgánica joven y la materia orgánica hemificada. La materia orgánica joven, es fácilmente mineralizable, asociada a macroagregados y relacionada con la fertilidad actual del suelo. La materia orgánica humificada es la fracción estable, asociada a partículas de arcilla en microagregados constituyendo los complejos humicos-arcillosos de muy lenta mineralización. Estudios llevados a cabo sobre Argiudoles y Hapludoles del sur de Santa Fe, norte de Buenos Aires y sudeste de Córdoba, con 3-4 y 8- 9 años de siembra directa, muestran un incremento de las fracciones gruesas (materia orgánica joven) con los años de siembra directa, especialmente de la fracción 53 mm, ligada a arenas finas y muy finas (Figura 8, Casas y Ostinelli, 2003).

 

Figura 9

 

A partir de este estudio se elaboró un modelo preliminar sobre el incremento del COS en relación a los años de siembra directa con la rotación trigo-soja-maíz (Figura 9). En este proceso se distinguen cuatro etapas: la primera y tercera con una tasa baja de acumulación de COS, una segunda con mayor tasa de acumulación y la cuarta en que el COS tiende a estabilizarse.

El control de la erosión

Tal como se comentó, el control de la erosión constituye una de las bases de una agricultura sustentable. Para ello es fundamental instrumentar sistemas productivos que controlen la tasa de erosión manteniéndola dentro de los parámetros tolerables.

En el cuadro 3 se observa la relación que existe en Argiudoles típicos de pampa ondulada entre el grado de erosión y la pérdida de materia orgánica y fósforo asimilable (Michelena y Col, 1989).

En el cuadro 4 se relaciona el grado de erosión con la merma de rendimiento de los cultivos de soja, trigo y maíz (Irurtia y Mon, 2000). Como puede observarse hay una perdida gradual de productividad del suelo con la intensificación del grado de erosión para los tres cultivos, aunque el maíz es el más afectado aún con erosión moderada.

El control de la erosión asume especial importancia en áreas onduladas aún con siembra directa ya que es frecuente observar arrastre de suelo y rastrojos por el escurrimiento superficial lo cual atenta contra el espíritu mismo del sistema. Esto es frecuente observarlo en áreas muy onduladas y periserranas de la provincia de Buenos Aires donde es recomendable la siembra directa en contorno, reforzada con terrazas.

Ver Cuadro 3: Valores de parámetros edáficos en Argiudoles típicos de la pampa ondulada con diferente intensidad de degradación (Michelena y col., 1989)

 

Ver Cuadro 4: Rendimientos promedio para diferentes grados de erosión hídrica en Argiudoles de pampa ondulada (Irurtia y Mon, 2000)

 

La Fertilidad del suelo y la reposición de nutrientes

El germoplasma y las tecnologías empleadas en la agricultura moderna incrementan día a día los rendimientos de los cultivos y con ello la tasa de extracción de nutrientes del suelo. Ello implica la necesidad de una reposición por medio de la fertilización a los efectos de que los rendimientos se puedan sostener o incrementar. Para poder determinar con precisión el contenido de nutrientes, es de fundamental importancia efectuar el análisis de suelo.

Se debe considerar que los cultivos requieren 16 elementos minerales esenciales para su crecimiento y desarrollo, de los cuales 13 deben ser proporcionados por el suelo (García, 2001). El criterio del balance de nutrientes resulta muy práctico y útil al momento de decidir la fertilización del cultivo según el rendimiento establecido como objetivo, sin agotar las existencias de nutrientes existentes en el suelo (Cuadro 5).

Ver Cuadro 5. Requerimientos nutricionales de diferentes cultivos que deben ser absorbidos para producir una tonelada de grano o materia seca. Promedio de referencias bibliográficas (García, 2001).

 

 
 

Figuras 10 y 11

 

Un aspecto no siempre tenido en cuenta al momento de este balance, es la cantidad de nutrientes liberados por los rastrojos de cultivos anteriores y que en el sistema de siembra directa asume una importancia muy grande, al momento del cálculo de la dosis de fertilizante (Cuadro 6).

Analizando la exportación de fósforo y azufre) por los principales cultivos de granos (Figuras 10 y 11) se puede observar que la tasa de reposición por fertilizantes es muy baja siendo del 25 – 30 por ciento para nitrógeno y del 50% para fósforo, siendo prácticamente nula para nutrientes esenciales. Los bajos niveles de resposición de nutrientes ha conducido a una disminución considerable de la fertilidad de los suelos y por lo tanto de la sustentabilidad física, económica y ambiental de las explotaciones agrícolas (García, 2001).

La fertilización balanceada con todos los elementos requeridos por los cultivos constituye uno de los pilares de la producción sustentable, al evitar que la exportación continua de nutrientes, produzca el agotamiento de los suelos.

Ver Cuadro 6. Contenido de macro y micro nutrientes contenidos en una tonelada de rastrojos de trigo, soja y maíz. (Malavolta, 1987; Michelena, Rivero y col., 2001).

 

 
   

Conclusiones

La agricultura pampeana de las próximas décadas deberá tener productividad creciente a los efectos de satisfacer el aumento de la demanda de alimentos y lograr crecientes saldos exportables. Ello será posible en función de la brecha existente entre la producción media por unidad de superficie y la producción obtenida por los agricultores más eficientes que aplican tecnologías modernas.

El cerramiento de esta brecha permitirá disminuir la presión sobre los ecosistemas frágiles extrapampeanos, sin recurrir a nuevas tierras ya que ello implicaría incrementar la degradación de los suelos y la desaparición de bosques nativos, con una enorme pérdida de biodiversidad.

El aumento de la producción agrícola nacional de 70 a 100 millones de toneladas será posible en la medida que sean delineadas las políticas y se apliquen las tecnologías que aseguren el mantenimiento o mejoramiento de la calidad y salud del suelo.

Los procesos biológicos de los sistemas agrícolas se tornarán cada vez más vitales debiendo ser controlados desde “adentro” del sistema más que a través de la introducción de energía externa. En este sentido se hace fundamental plantear sistemas agrícolas en su concepción más amplia, que incrementen el contenido de materia orgánica del suelo y protejan la integridad del suelo.

Es fundamental el planteo de rotaciones de cultivos que incluyan rastrojos de relación carbono/nitrógeno elevada (trigo, maíz, sorgo), a los efectos de mantener una cubierta adecuada y lograr un balance positivo de la materia orgánica del suelo. El cultivo de soja integrará esta rotación aportando su rastrojo de rápida mineralización y disponibilidad de nutrientes para el cultivo siguiente, evitándose el monocultivo, por esa misma causa.

El ciclo de los nutrientes en los establecimientos agropecuarios debe ser más cerrado que en la actualidad, apuntando a que el cultivo capture la mayor parte de los nutrientes adicionados mediante la fertilización balanceada. Mejorando los métodos de diagnóstico, las técnicas y momentos de aplicación, se deberán minimizar las pérdidas por volatilización, lixiviación y erosión, por mencionar a las más importantes.

El desarrollo de la agricultura de insumos localizados permitirá ajustar las dosis de nutrientes y agroquímicos a las necesidades de los cultivos, evitando así los efectos ambientales negativos que pueden ocasionar las dosis excesivas. La agricultura de precisión y la biotecnología constituyen herramientas básicas para una agricultura sustentable de beneficios productivos y ambientales, basada en la conservación de la integridad y las funciones del suelo.

Bibliografía

ANDRIULO, A. Y G. CORONE. 1998. Impacto de labranzas y rotaciones sobre la materia orgánica de suelos de la región pampeana húmeda. Siembra directa. Ediciones INTA – pp. 65 -96.

ANDRIULO, A.; SASAL, C. y RIVERO, M.L. 2001. Los sistemas de producción conservacionistas como mitigadores de la pérdida de carbono orgánico edáfico. Siembra directa. Ediciones INTA – pp. 65 – 96.

CASANOVAS, E.M., STUDDERT, G.A. y H.E. ECHEVERRÍA 1995. Materia Orgánica del suelo bajo rotaciones de cultivos. II Efecto de los ciclos de Agricultura y pastura. Revista de la Asociación Argentina de la Ciencia del Suelo. Vol. 13, N° 1; pp. 21 – 27.

CASAS, R.R. 2001. La conservación de los suelos y la sustentabilidad de los sistemas agrícolas. Academia nacional de Agronomía y Veterinaria. Tomo LV; Buenos Aires.

CASAS, R.R. 2003. El aumento de la materia orgánica en suelos argentinos: el aporte de la siembra directa. XI Congreso de AAPRESID, Tomo 1, Pág. 155 – 168. Rosario.

CASAS, R.R. y M. Ostinelli. 2003. Estudio de la evolución de la materia orgánica joven y humificada en suelos del norte de Buenos Aires, sur de Santa Fé y sudeste de Córdoba, bajo siembra directa. INTA, Instituto de Suelos (inédito).

CONTI, M.E. 1998. Materia orgánica del suelo. En: Principios de edafología, con énfasis en suelos argentinos. 1ª. Edición. Orientación Gráfica Editora S.R.L.

GARCIA, F.O. 2001. Hacia la sustentabilidad nutricional de los suelos. En: siembra directa: resúmenes del primer seminario de AAPRESID para estudiantes. AAPRESID, 101 pp.

IRURTIA, C. y R. MON. 2000. Impacto de la erosión hídrica en la producción de granos en Argiudoles típicos de la pampa ondulada. 11a. Conferencia de la Organización Internacional de la Conservación del Suelo (ISCO). Actas. Buenos Aires. (en prensa).

MICHELENA, R.O.; Irurtia, C.B.; Vavruska, F.; Mon, R. y A. Pittaluga. 1989. Degradación de suelos en el norte de la región Pampeana. INTA, Proyecto de Agricultura Conservacionista. Publicación técnica N°6. Estación Experimental Agropecuaria INTA-Pergamino.

MORELLO, J. MARCHETTI, B. RUSSO, C., HECKER, E. Y P. CICHERO. 1991. Agricultura continua y degradación ambiental en el núcleo maicero de la pampa argentina. Centro de Estudios Avanzados – UBA. Serie Informes.

SOLBRIG, O.T. y J. MORELLO. 1977. Reflexiones generales sobre el deterioro de la capacidad productiva de la pampa húmeda argentina. En: ¿Argentina granero del mundo hasta cuándo? La degradación del sistema agroproductivo de la pampa húmeda y sugerencias para su recuperación. Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Buenos Aires; Harvard University; INTA; Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica. Orientación Gráfica Editora. Buenos Aires.

 

 
       
 

 

 

© Copyright 2002. INTA EEA Balcarce. Ruta 226 km 73,5 (7620) Balcarce, Buenos Aires, Argentina. Tel: 02266-439100, Fax: 439101, Email: intaba@balcarce.inta.gov.ar