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Introducción
En el sudeste bonaerense el riego es suplementario de las
precipitaciones y la mayoría de las aguas para riego tienen altos contenidos de
bicarbonato de sodio (Costa 1995). El aumento marcado en el porcentaje de sodio
intercambiable (PSI) en la superficie del suelo, debido al efecto acumulativo
del riego suplementario con aguas bicarbonatadas sódicas, es el determinante del
comportamiento físico del mismo. Su poder dispersante sobre la materia orgánica
(MO), las arcillas y la consecuente destrucción de los agregados (Crescimanno et
al. 1995) tiene consecuencias negativas sobre la estabilidad de la estructura
del suelo y la dinámica del agua (Albrego 1998).
El sodio tiene una fuerte influencia sobre la cantidad de
agua que penetra en el perfil (Agassi et al. 1985) y la forma en que ésta estará
disponible para las plantas. Las labranzas y el riego son procesos que modifican
el tamaño de los agregados afectando la permeabilidad del suelo. Los poros
reducen su tamaño como resultado de la expansión y dispersión de las arcillas y
la condición física resultante es caracterizada por una pérdida general de la
porosidad, dando lugar a cambios en la permeabilidad del suelo (Shainberg 1984).
Uno de los principales impactos del sodio en el suelo es la reducción de la
conductividad hidráulica saturada (Ks).
La mayoría de los resultados que indican efectos de
sodicidad sobre la permeabilidad del suelo se han obtenido en estudios de
laboratorio, empleando muestras disturbadas. Para suelos de mineralogía mixta,
cuando la conductividad eléctrica (CE) de la solución de la percolación es 10
mmol(c)l-1, se produce reducción entre 15 a 25% de la K(s), asociadas a valores
de PSI entre 5 a 25 (Oster, Schroer 1979). A menudo ocurre reducción de la Ks de
los suelos, aún con valores de relación de adsorción de sodio (RAS) de 5, cuando
la salinidad es entre 3 a 5 mmol(c)l-1 (Shainberg 1984). La compactación y
fractura de los suelos acentúan los efectos adversos del sodio (Frenkel et al.
1978). Bajo condiciones de flujo no saturado, la sodicidad ejerce menos
influencia sobre el movimiento del agua que en condiciones de flujo saturado (Russo,
Bresler 1977).
En la República Argentina se han efectuado estudios en
lotes con riego para detectar los cambios en las propiedades físicas que la
dispersión con sodio realiza en nuestros suelos. Evaluaciones realizadas por
Costa (1999), han demostrado que la utilización de agua de riego de RAS 20
durante tres años dio lugar a incrementos del PSI de 0,4 a 4,2 para los sectores
sin y con riego suplementario. Si bien estos niveles de PSI son bajos los
productores regantes encuentran, especialmente después del período de lluvias
otoñales, dificultades en el laboreo del suelo, en la preparación de la cama de
siembra y bajo nivel de emergencia por encostramiento superficial. En estos
suelos, el pH levemente ácido neutraliza parte de la alcalinidad de las aguas,
lo que explica el escaso incremento del PSI a pesar de los altos valores de RAS
del agua de riego (Costa 1999). Regando dos años con aguas de riego de RAS 15,
17 y 19 y CE de 1,3; 1,6 y 2,8 dS m-1, se produjeron incrementos en el valor del
RAS del horizonte superficial de 2,5; 6 y 14 respectivamente(Costa 1997).
Andriulo (1998) reportó que la infiltración media bajo riego, fue
aproximadamente la mitad de la obtenida en condiciones de secano y bajo
agricultura continua para suelos de la serie Pergamino.
El objetivo del presente trabajo fue determinar el efecto
del agua de lluvia en la dispersión de suelos regados que desarrollaron bajos
niveles de sodio, mediante la estimación de la K(h) utilizando infiltrómetros de
tensión.
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