|
|
La Fertilización en Pasturas es una práctica que, en los
últimos años, se ha difundido ampliamente en los establecimientos agrícolo ganaderos de
la región. En general, en el sudeste de la Provincia de Buenos Aires, los nutrientes más
deficitarios y, por lo tanto, los que limitan el crecimiento de las plantas, son el
nitrógeno y el fósforo, y la respuesta a la aplicación de fertilizantes sobre la
producción de las pasturas se ha demostrado desde la década del 70. Sin embargo, la
aplicación de esta técnica se incrementó a partir de 1990 debido tanto a la necesidad
de aumentar los niveles de productividad en las actividades ganaderas, como a una
relación de precios más favorable que impulsó el uso de fertilizantes en este segmento
productivo.
De todos modos, el productor ganadero debería tener en
cuenta varios aspectos antes de decidir la inplementación de esta práctica ya que el
tipo de fertilizante requerido, la dosis a aplicar, y el momento de la aplicación,
varían considerablemente según numerosos factores. A continuación se mencionan
brevemente algunos de los elementos a tener en cuenta.
En primer lugar, cada empresa tiene objetivos de
producción particulares (ya sea cría, invernada, ciclo completo, tambo, etc., con
distinto grado de intensificación en cada actividad). Esto determinará variaciones en
los requerimientos estacionales de forraje y distintos tipos de recursos forrajeros
utilizados.
Luego, cada lote presenta un tipo de suelo y una
disponibilidad de nutrientes en el mismo, que afectarán el establecimiento y la
producción de la pastura. Aún para potreros cuyos suelos tengan características
originalmente similares, la historia de manejo de los mismos (cantidad de años con
agricultura, tipo de labranzas efectuadas, fertilización previa de los lotes, etc.)
modifica sustancialmente sus propiedades. El análisis de suelo resulta una herramienta
adecuada para conocer las propiedades edáficas de cada lote y el nivel de nutrientes
disponibles. Dado que, el nivel de nutrientes se modifica según la época del año, la
estimación de los mismos tendrá mayor valor cuanto más cercano se realice el muestreo
de suelos del momento en que los nutrientes sean requeridos por la pastura.
Por otra parte, si bien el máximo crecimiento de las
plantas sólo es posible con un adecuado abastecimiento de diversos nutrientes, los
requerimientos varían según la especie y el ciclo de crecimiento de cada una. Las
leguminosas (tréboles, alfalfa) dependen básicamente del abastecimiento de fósforo. Las
gramíneas (raigrás, festuca, agropiro, cebadilla, pasto ovillo, etc.) no sólo requieren
de fósforo sino también tienen un elevado consumo de nitrógeno. Ya que el crecimiento
vegetal está controlado básicamente por los factores ambientales (principalmente
temperatura, luz y agua ), en general el requerimiento de nutrientes será mínimo cuando
se registren bajas tasas de crecimiento en invierno y aumentará hasta un máximo con el
pico de crecimiento en primavera-verano.
Además es necesario considerar las diferencias en el
comportamiento de los nutrientes en el suelo. Así, el fósforo por ser un elemento poco
móvil puede ser aplicado a la implantación de las pasturas y su utilización por las
plantas se producirá mas tarde durante el ciclo de crecimiento y aún en años
posteriores. El nitrógeno, en cambio, por ser altamente móvil en la solución del suelo,
puede sufrir múltiples alteraciones o pérdidas en el ambiente, por lo que debería ser
aplicado solo cuando la planta manifieste altas demandas, ya sea a principios del otoño o
sobre todo a fines del invierno-principios de primavera, cuando es más acentuada la
deficiencia de este nutriente en el suelo.
En cuanto al futuro de la adopción de esta práctica en
nuestra zona, resulta evidente una tendencia a incrementar los niveles de producción en
las actividades ganaderas. Para esto es necesario mantener pasturas de elevada producción
y calidad a lo largo del ciclo productivo, en base a un adecuado suministro de nutrientes.
La fertilización fosfatada permite cumplir en gran parte con tal objetivo pero, cuando se
desea incrementar la producción, fundamentalmente a fines del invierno, en especial en
aquellos sistemas donde se intensifique la actividad ganadera, adquiere mayor relevancia
la fertilización nitrogenada.
Finalmente, la decisión de la fertilización depende de la
capacidad de cada empresa para utilizar eficientemente el forraje producido, de lo
contrario, el beneficio económico obtenido con la aplicación de fertilizantes
disminuirá.
En síntesis, sugerimos al productor tener en cuenta que,
si no está en condiciones de aumentar la carga animal o de realizar la conservación de
los excedentes de forraje, pierde sentido invertir en un insumo como el fertilizante. Si
se pretende aumentar la productividad de los sistemas ganaderos, habría que considerar la
fertilización periódica de las pasturas como una práctica indispensable para aumentar
la producción de las mismas.
|
|