Introducción
Los cambios presentados en la producción agropecuaria
durante la última década, y particularmente luego de la salida de la
convertibilidad, determinaron un desplazamiento de la superficie ocupada por la
ganadería para ser utilizada por la agricultura. En las explotaciones mixtas, la
superficie ganadera se concentró en los suelos de poca o nula aptitud agrícola,
produciéndose además una transferencia de animales hacia zonas típicamente
ganaderas. A esto se suma que, en estas zonas tradicionalmente criadoras, se
está tendiendo a una recría y/o invernada de la propia producción, lo que
ocasiona un mayor aumento de la carga, donde los mejores potreros se destinan a
la recría e invernada y el porcentaje de destete cae.
Dado que el stock vacuno no se ha reducido, sí lo ha hecho
la superficie destinada a la actividad cría, lo que determinó una alta
concentración de vientres. La consecuencia esperable de persistir esta situación
(sin cambios del nivel tecnológico) es la caída de la productividad de los
rodeos, resultado de una carga excesiva que privilegia la tenencia y no la
producción.
La ganadería argentina, en el corto o mediano plazo deberá
competir con una demanda internacional de carnes que está en aumento, saliendo
de una dependencia casi total del consumo interno. Un stock grande pero poco
productivo determinará una oferta de ganado limitada, lo que dificultará poder
responder a las perspectivas de incremento de demanda exportadora.
No faltan vientres, lo que falta son vacas que produzcan
más terneros, principal cuello de botella para incrementar la producción, además
del aumento del peso de faena.
Si no se mejora el manejo ganadero, principalmente sanidad
y nutrición, todo incremento en el número de animales traerá aparejada una caída
de similar magnitud en la productividad.
Pero además, es necesario que la intensificación de la
cría, a partir de la inversión en pasturas y en tecnología, debe estar
acompañada por una mejora de la rentabilidad, sostenible en el tiempo.
El propósito de este artículo es evaluar los aspectos
económicos - financieros que implica el aumento de la productividad en la cría,
a partir de mejoras en el manejo e inversiones productivas.
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