|
Dentro de la difícil situación que vive el país, para el
agro argentino no son días tan malos, más allá de las cuestiones climáticas,
financieras o incertidumbres políticas, entre otras. Planteamos algunas
cuestiones que debieran ser analizadas como una forma de poderse anticipar y
estar preparados por si se revierte y agrava esta situación.
Durante los últimos meses hemos escuchado en más de una
oportunidad estas dos frases: "El país está en crisis" y "los
mercados están en crisis", presentando la situación actual en un contexto
dramático con un desenlace imprevisto y una sensación de miedo excesivo que
paraliza a las personas. Simultáneamente, escuchamos y cada vez en voz más
alta: "el que se salva es el Campo", "ahora sí se pararon
ustedes".
Y ello en cierta forma, es cierto. En la coyuntura actual
-no obstante el impacto de las retenciones-, debido a la devaluación y a la
firmeza de los mercados de cereales, el resultado económico que logra la
empresa agropecuaria, en muchos más casos que en años anteriores, está
alcanzando para hacer frente a los retiros del empresario y su familia, quedando
incluso algo de dinero para destinarlo a crecer.
Lo que preocupa en muchos casos es la situación todavía
no resuelta de los intereses de la deuda que el sector mantiene con los bancos y
que depende cómo se resuelva, puede llegar a llevarse todo el mejor
posicionamiento relativo de este momento. También preocupa lo que pueda pasar
una vez que bajen los precios internacionales de los granos y se empiecen a
elevar los costos de muchos de los componentes estratégicos de la producción,
que hoy se encuentran atrasados en términos relativos al dólar.
Seguidamente, brindamos algunas reflexiones para aprovechar
en forma positiva la inercia que genera este momentáneo buen pasar y estar
preparados para poder ser competitivos en caso que a mediano o largo plazo la
situación empeore.
Realicemos un análisis de la empresa
Al realizar el análisis de la empresa, se trata de obtener
un buen diagnóstico. Este año debemos calcular Resultados económicos (Ingreso
Neto, Rentabilidad), los Resultados financieros y Patrimoniales.
Relacionándolos, se podrá visualizar si la renta es suficiente, si estamos
retirando mucho dinero o si nuestro nivel de endeudamiento es adecuado o puede
ser un inconveniente. También vamos a poder conocer nuestra estructura de
costos, aspecto de importancia estratégica en el contexto actual.
Hay que tener muy en claro que, por el hecho de producir
commodities, la principal vía de competitividad del sector estará centrada en
los costos. Habíamos mencionado anteriormente que muchos de los componentes
estratégicos de la producción estaban atrasados en su valor relativo al
dólar. Así, al conocer la estructura de costos de nuestra empresa podremos
simular varios escenarios de precios, de producción y de variación de costos
de los componentes claves. Si la misma sale airosa en las situaciones de crisis
modeladas, sabremos que estamos preparados. Pero si eso no sucede, significaría
que la coyuntura favorable en la que nos encontramos, enmascara un posible
desequilibrio estructural que exigiría cambios profundos que, de no
implementarse, pueden hacer que la empresa tienda a la desaparición.
Y, ¿cuáles pueden llegar a ser los componentes del costo
que se vuelvan más caros?. Entre otros, el gas oil y todos los servicios que de
su valor dependen, la mano de obra y todos los gastos de estructura.
Analicemos las estrategias de mayor impacto en el costo final de nuestros
productos
Debemos destacar que el rendimiento de los cultivos tiene
un efecto de dilución del costo unitario de lo que se produce y, que para
lograr buenos rendimientos, debemos aplicar adecuadamente la tecnología
disponible. Por lo tanto, queda claro que la estrategia principal para diluir
costos directos de las actividades y gastos de estructura, es utilizar la
tecnología disponible en forma eficiente.
Una vez que tenemos claramente definido ello, podremos analizar:
i) Si operamos una escala adecuada a los gastos de estructura que poseemos
o a la cantidad de maquinaria con la que trabajamos.
ii) Si es correcta la superficie asignada a las actividades más rentables
y sustentables, teniendo en cuenta el sistema de producción, tanto económica
como ambientalmente.
iii) Si negociamos adecuadamente las compras o podemos bajar precios
comprando en conjunto con otros productores.
Respecto a la valoración de la producción
Propongo que sigamos la información de la evolución de la
producción y stocks de los principales países productores del mundo y de
nuestros compradores.
Que tomemos posiciones, aunque sea para cubrir costos
cuando los precios se muestren favorables respecto a los históricos. Operemos
con la lógica de ganar dinero, no la de obtener el precio tope del año.
Tratemos de poseer la mercadería mediante el desarrollo de
alguna estrategia de almacenaje, ello nos permitiría elegir el más adecuado
canal de comercialización.
Analicemos las posibilidades que brinda el mercado respecto
a la diferenciación por calidad y profundicemos nuestro conocimiento respecto a
qué tecnología aplicar para llegar a obtenerla con una mínima diferencia de
costos.
Como Conclusión
En momentos de crisis, donde en varios sectores "la
plata no alcanza", los productores agropecuarios relacionados a la
agricultura fundamentalmente, la están pasando un poco mejor que en años
anteriores. No obstante ello, la incertidumbre es grande, por ésto se
desarrollan recomendaciones que básicamente apuntan a que la empresa esté
preparada para afrontar cambios que tiendan a deteriorar esta situación.
Es fundamental que el empresario y su familia conozcan la
situación en la que se encuentra la empresa en relación a la renta y los
posibles cambios. En ello juega un rol fundamental el estar capacitados y
atentos. Normalmente cuando se trabaja en un contexto de resultado económico
favorable, se descuidan los aspectos relacionados a la gestión empresaria.
Tratemos esta vez de estar preparados y sepamos que sólo nosotros decidimos y
somos responsables de lo que nos pueda suceder en el futuro. ¡Éxitos!.
Revista Visión Rural año X Nº 46 - Setiembre/Noviembre
2002.
|