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Analizando el impacto de la devaluación en la empresa agropecuaria del sudeste bonaerense

Ing. Agr. Juan M. Erreguerena

Ing. Agr. Juan C. Tosi

EEA Balcarce

Mayo - Junio 2002

A partir de la devaluación acontecida a principios del 2002, sin lugar a dudas, se produjo un cambio importante en las reglas de juego con las que se manejaron las empresas agropecuarias durante la última década. Ello implica que, ante esta realidad, los productores agropecuarios deberán implementar fuertes cambios en sus estrategias productivas.

El objetivo de este artículo es tratar de analizar el nuevo contexto en que deberán desenvolverse los productores agropecuarios, estimar el impacto de la devaluación sobre las principales actividades productivas y paquetes tecnológicos que se venían aplicando, observar el impacto sobre la explotación agropecuaria en función de la combinación de actividades utilizadas y sobre el sistema familia - explotación.

Para visualizar el escenario actual de forma que permita entender los mensajes que desde el contexto socioeconómico está recibiendo el productor para la toma de sus decisiones, es imprescindible considerar que hoy día se convive, por un lado, con determinados hechos, acontecimientos que se han dado por decretos, resoluciones del gobierno y por las reacciones del mercado frente a los fuertes cambios producidos, y por otro lado, con incertidumbres, es decir las dudas que cada productor experimenta acerca de la evolución de algunos factores que afectan directamente a su sistema de producción.

Hechos

El primero y principal es la fuerte devaluación del peso, superior al 250%. Ello trajo asociado una imposición que había dejado de aplicarse una década atrás: los derechos de exportación (retenciones), un gravamen acusado por muchos por su claro sesgo antiexportador y que desfavorece en varios casos la relación insumo producto.
Los créditos han sido pesificados y para su pago van a estar ajustados por un coeficiente de actualización (CER). Las deudas comerciales de insumos importados fueron dolarizadas, lo que ha causado importantes trastornos en las relaciones entre proveedores y productores, en virtud de una fuerte resistencia por parte de estos últimos a acatar la discutida Resolución 10 del poder ejecutivo.

A raíz de las fuertes restricciones financieras asociadas al denominado "corralito", y la inestabilidad económica actual, los créditos bancarios para esta campaña prácticamente no existen, como tampoco existe (o está muy restringido) el Crédito comercial. A ello se agrega la creciente restricción en la disponibilidad de insumos claves como el gasoil y algunos de origen importado.

Ante estas circunstancias, muchos productores han modificado sus estrategias, dado que abandonan tierras que alquilaban, proponen arreglos a porcentaje, piensan disminuir el uso de fertilizantes o bajar el nivel de intensificación de sus sistemas de producción. También se afectan en forma considerable las posibilidades de invertir en bienes de capital, como el caso de la maquinaria agrícola, a pesar de la importante mejora de la relación insumo producto que se ha verificado con aquellas de industria nacional.

Incertidumbres

Frente a estos hechos y a la necesidad de decidir cómo encarar la nueva campaña, muchas son las indefiniciones que pueden cambiar la ecuación del negocio agropecuario.
Una de las principales es la evolución de la paridad cambiaria, variable que sin duda puede desencadenar fuertes cambios en las estrategias comerciales y en los resultados de la empresa. Tampoco se sabe cómo pueden evolucionar las retenciones ante esos cambios, y asociado a ello, la relación de precios de los insumos claves.

Para los productores que tienen un cierto nivel de endeudamiento, no está claro cómo afectará la evolución del CER a las obligaciones de su empresa y a la sustentabilidad económico financiera. Se desconoce cómo puede ser la evolución de las distintas modalidades de financiamiento tanto en lo que se refiere a la posibilidad de aparición del mismo, como respecto a los costos financieros que se propongan.

Todas ellas se agregan a los clásicos determinantes del riesgo e incertidumbre en la toma de decisiones por parte del productor agropecuario (escenarios climáticos y sanitarios, evolución de los mercados de futuros, etc.)

ANALIZANDO ACTIVIDADES

La devaluación tiene un efecto diferencial sobre el precio de los productos agropecuarios, dependiendo del destino comercial de los mismos. Mientras que los cereales y las oleaginosas siguieron la tendencia alcista del dólar, los productos ligados en mayor medida al consumo doméstico, como la carne o la leche (frente a una profunda recesión y fuerte caída del salario real), tuvieron aumentos mucho menos significativos de precios, ampliándose sustancialmente la brecha de los ingresos a obtener con ambos tipos de productos. En nuestra zona donde predomina ampliamente la empresa mixta, las decisiones de producción se vuelven aún más complejas, obligando a los productores a considerar la posibilidad de la reconversión de sus sistemas de producción, lo que implica realizar un análisis detallado para cada actividad del establecimiento.

Actividades Agrícolas

Dentro de las actividades agrícolas, los precios de los cereales y oleaginosas se rigen por el mercado de exportación, por lo cual los ingresos de estas actividades se encuentran dolarizados (con un 80 % del valor de la divisa, por el impacto de las retenciones).

Sin embargo, los precios actuales en el disponible están por encima de los del Mercado a Término, dada la coyuntura estacional de la demanda y oferta local. Al estimar los resultados para la próxima campaña agrícola (2002-2003), para los ingresos la variable definitoria es el valor del tipo de cambio, pues al utilizar los precios del Mercado a término, se puede lograr cierto grado de certeza operando en el mercado de futuros y opciones.

Por el lado de los costos, los valores de los agroquímicos (fertilizantes, herbicidas, insecticidas, funguicidas) y de las semillas se cotizan en dólares, por ende su precio en pesos dependerá del precio de la divisa. En aquellos costos que no están directamente dolarizados, si bien existe un incremento en pesos de los mismos (gastos de comercialización: paritarias, fletes, labores) estos se mueven en relación al índice inflacionario, que está por debajo de la devaluación.

En la coyuntura actual, los márgenes agrícolas en pesos muestran aumentos superiores al 100% con respecto a los estimados en la campaña anterior (Convertibilidad).

Para el caso del trigo el incremento varía entre un 167% y 220% (para distintas modalidades de producción) con un valor del dólar de 3.5$ y 4.0$ respectivamente, sin embargo, en dólares estos valores descienden en un 26% y un 23% con respecto a dicho período a las paridades ya mencionadas. Los rendimientos de indiferencia para los valores actuales de tipo de cambio se incrementan entre un 3 y 7% de acuerdo a la modalidad de producción.

No surgen diferencias significativas en los indicadores económicos entre siembra directa y labranza convencional (entre 5 y 10% según nivel tecnológico) a diferencia de lo que inicialmente se pensó al momento de producirse la devaluación, dado que además de los costos hay otros factores importantes a tomar en cuenta al decidir por uno u otro sistema de labranza.

Si bien es demasiado pronto para calcular resultados para los cultivos de gruesa, algunas estimaciones indican que el comportamiento observado para el cultivo de trigo se repite para los mismos.

Como tendencia general el aumento de los precios de cereales y oleaginosas es directamente proporcional al incremento del tipo de cambio. La relación entre rubros dolarizados y no dolarizados en la estructura de costos y la evolución de estos últimos determinarán los resultados finales en cada cultivo y nivel tecnológico.

En la búsqueda de mejores resultados se debe tener como objetivo elevar los pisos de producción, independientemente del modelo tecnológico empleado, considerando obviamente la viabilidad económica de cada uno de ellos. Hoy es más importante que nunca realizar evaluaciones económicas para cada cultivo y modalidad productiva, para que no se confundan rendimientos "olímpicos" con rendimientos rentables, dado el reacomodamiento constante de las relaciones de precios que se presentan.

Actividades Ganaderas

En un primer análisis general observamos que, el valor del kilo de carne no acompaña en la misma magnitud a la devaluación, debido a que el mercado interno es el principal componente de la demanda, la importante participación que tiene la carne en la canasta familiar y al hecho que los salarios siguen aún congelados, por lo que su valor está actualmente alrededor de 40 centavos de dólar por kilo cuando antes alcanzaba los 80 centavos.

Respecto a los rubros que componen los costos, parte ( mano de obra, labores, fletes) se incrementan en menor medida respecto al fenómeno devaluatorio, mientras que otros siguen a la divisa (semilla de pasturas, agroquímicos y concentrados - aunque este último reduce su valor en un 20% por las retenciones).

Analizando indicadores económicos vemos que, en un sistema de ciclo completo, tanto en un medio nivel de producción (140 kg. carne/ha/año) como en un alto nivel de producción (190 kg carne/ha/año) el margen bruto en pesos aumenta en un 30% en relación con el período anterior a la devaluación, cayendo más del 60% cuando se mide en dólares. Al comparar las propuestas tecnológicas alternativas dentro de este sistema vemos que el margen bruto que arroja la intensificación es 49% menor en la actualidad. Buscando una explicación a este hecho desde la estructura de costos encontramos que en el rubro pasturas y verdeos (el más importante dentro de este sistema de producción) se esta incorporando alfalfas y fertilización, dos insumos que directamente toman su valor siguiendo el tipo de cambio, algo qué como se expresara anteriormente no hace el precio del novillo.

Para el sistema invernada de compra en un medio nivel de producción (480 kg/ha/año) el margen bruto en pesos aumenta 134%, mientras que para un alto nivel de producción (690 kg/ha/ año) lo hace en un 160% en relación con el período anterior a la devaluación. En gran medida estos mejores resultados en relación al ciclo completo, se dan por una mejora sustancial de la relación flaco gordo, situación que se ve favorecida por el cierre de muchos "Feed lot" (importantes formadores de precios de ternero de invernada en los últimos años) y por la extraordinaria restricción financiera que hoy día se vive en el sector agropecuario argentino. Al comparar las propuestas tecnológicas alternativas dentro de este sistema vemos que el margen bruto que arroja la intensificación tendría 26% menos de resultado en pesos que el sistema medio de producción. 

Tratando de explicar el por qué de esta caída de márgenes podemos decir que casi toda la tecnología que se propone para llegar a los niveles de producción intensiva respecto del nivel medio es insumo dependiente y que la mayoría de ellos, toman su valor en relación al tipo de cambio, mientras que como se destaca en párrafos anteriores el precio del novillo no lo hace.

Como conclusión podemos decir que no habría una variable que, a partir de su ajuste, nos permitiera cambiar los resultados en forma radical, excepto el cambio de la relación flaco gordo en la actividad invernada, tarea no muy sencilla y que nos invita a poner máxima dedicación a la búsqueda de oportunidades. Se esperaría a la luz del análisis un menor uso de suplementación con granos y de uso de fertilizantes. Menor implantación de pasturas y una tendencia hacia sistemas predominantemente pastoriles.

ANALIZANDO LA EMPRESA

De acuerdo a lo mencionado anteriormente, el margen bruto agrícola total de una explotación tendrá sensibles incrementos en pesos. En esta zona en que predominan las empresas mixtas, depende de la proporción agricultura : ganadería (y sistema ganadero) el impacto que tendrá en el margen bruto total de la empresa. Así, aquellas predominantemente agrícolas tendrán un margen bruto global mayor que aquellas en que la agricultura hace menor uso de suelo.

Teniendo en cuenta el aumento del Margen Bruto total, cuando se incluyen los gastos de estructura de la empresa, de la composición de los mismos dependerá el impacto del nuevo contexto. Por ahora, ni la mano de obra ni los impuestos han tenido modificaciones, mientras que otros rubros (servicios, movilidad, administración) pueden aumentar de acuerdo a la inflación. El resultado esperable es un incremento del Resultado operativo mayor que el incremento del Margen Bruto.

Cuando se consideran las amortizaciones de maquinarias, el incremento de las mismas dependerá del componente importado del parque de maquinarias, mientras que en el caso de las mejoras a lo sumo pueden aumentar al ritmo de la inflación, por lo que las amortizaciones totales tendrán menor incremento que el aumento del tipo de cambio. Esto posibilitaría un aumento del Ingreso Neto notoriamente superior.

Al considerar los resultados familia explotación, el incremento de las necesidades de retiro por parte del productor y su familia seguirán el ritmo inflacionario, por lo cual la disponibilidad del productor para encarar la próxima campaña podría estar resuelta, pero dependerá en gran medida del nivel de endeudamiento en que se encuentra cada empresa en particular.

El nuevo escenario de alta incertidumbre que enfrenta el sector agropecuario, impone una adecuación de las estrategias para el logro de los objetivos propuestos por el productor. La velocidad de los cambios de contexto hace necesario poner mayor énfasis en los aspectos y herramientas necesarios para llevar a cabo la gestión de la empresa, que en la etapa previa de estabilidad económica.

Seguir día a día la evolución de la realidad se hace imprescindible para el planteo de escenarios futuros sobre las principales variables que afectan a la empresa (precio de insumos y productos, financiación, impuestos, endeudamiento, comercialización, etc.).

Por ello es necesario un análisis continuo de acuerdo con los cambios de la realidad y de los escenarios planteados, a evaluar más planes y programas que anteriormente, establecer relaciones insumo – producto (cuánto vale lo que vamos a comprar en relación al precio de nuestro producto), que permitan establecer la conveniencia y la oportunidad de cuándo comprar y vender.El uso del producto como reserva de valor, sobre todo en el caso de los granos, permite el escalonamiento de las ventas, estrategia adecuada para solventar en el futuro tanto los gastos de la empresa como de la familia.

Por supuesto que esto tendrá variaciones en cada caso particular, dependiendo de la eficiencia productiva en la empresa y de la situación financiera en que se encuentre cada productor. En estos momentos donde en gran parte de las explotaciones mixtas se define el rumbo a seguir, es necesario adoptar una actitud prudente. La opción agrícola aparece hoy mucho más rentable y la restricción de liquidez hace que se privilegie el uso eficiente del capital circulante. Sin embargo, el cambio del modelo productivo está estrechamente vinculado al grado de flexibilidad con que el mismo fue planeado. 

Es necesario recordar, que ante una situación similar en el pasado, los productores que liquidaron sus rodeos y dieron vuelta las pasturas para destinar la tierra a cultivos, tornaron mucho más inestable sus sistemas productivos, con el agravante de que muchos no pudieron recuperar el capital perdido.

 
 

 

 

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