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Este trabajo utiliza información
de la Tesis de grado de Francisco Ramírez (FCA-UNMDP) y publicaciones de la SAGPyA.
Introducción
Los cambios
producidos en la economía del País como consecuencia de la ley de convertibilidad de la
moneda a partir del año 1991, han modificado profundamente las condiciones en que se
venían desenvolviendo los distintos sectores de la economía y entre ellos el sector
agropecuario productor de cereales y oleaginosos entre otros.
Una de las
características principales del nuevo contexto es que a partir de la apertura económica
y la liberalización comercial, los precios de los commodities dependen
directamente de los niveles alcanzados en los mercados internacionales, sin que exista en
el país ningún mecanismo o estrategia de estabilización de los mismos. Esto es
consecuencia del desmantelamiento de las instituciones u organismos encargados de su
regulación, como fue por ejemplo la Junta Nacional de Granos, entre otros.
Paralelamente si
bien aún subsisten, y con pocas posibilidades de que desaparezcan totalmente, los
subsidios a las exportaciones y otros mecanismos de protección directa o indirecta
utilizados por la mayor parte de nuestros competidores, a partir de las negociaciones
sobre el comercio internacional y las rondas de Uruguay y de Seattle, existe una tendencia
por parte de esos Países a reducir los niveles de intervención, lo cual implica mayor
exposición a la volatilidad de los mercados por problemas de demanda y de oferta de
productos.
Esta situación se
traslada al productor argentino, aumentando fuertemente los riesgos que de por sí ya
tiene la actividad agropecuaria. A los peligros climáticos y sanitarios se agregan los de
tipo comercial y financiero, produciendo un fuerte grado de exposición, y en
consecuencia, aumentando la vulnerabilidad del sector. Esto es así particularmente en
aquellos productores con mayores limitaciones al acceso de los recursos productivos
(tierra y capital) y con pocas posibilidades de obtener crédito.
En los últimos
años se han producido una serie de cambios en las estrategias de comercialización de
granos, tales como la aparición de los mercados de futuros y opciones, una mayor
participación de las ventas directas a exportadores e industrias, en perjuicio de la
tradicional cadena productor acopiador-exportador, la aparición de los seguros
multiriesgo, etc.
También es cierto
que la estrategia de mantener una capacidad de almacenaje mínima en los campos en
relación con la superficie agrícola puede constituir un reaseguro frente al contexto
descripto y una ventaja para mejorar las capacidades de negociación e incrementar la
seguridad comercial de los productores.
En una primera
parte de este trabajo se analiza la situación del almacenaje en el país y
particularmente en chacra para una región del sudeste de la provincia de Buenos.Aires,
para posteriormente evaluar a nivel microeconómico los costos del almacenaje a campo y
los niveles mínimos de escala necesarios que justifiquen la inversión en una planta.
Evolución y situación actual
-A Nivel País.
Cuando se analiza
la evolución que ha tenido la capacidad de almacenaje en la Argentina, se observa que ha
mantenido una tendencia positiva, llegando a duplicarse en quince años, con una tasa de
crecimiento de aproximadamente 1.5 millones de toneladas por año, Tabla 1.
En términos
relativos a partir de comienzos de los noventa la participación del almacenaje en chacra
sobre el total del almacenaje, creció de un 21% (años 77,82,86) a cerca de un 30%,
comportamiento este que posiblemente fue debido a la aparición del crédito durante los
primeros años de la convertibilidad y a un mejoramiento de la rentabilidad agrícola en
ese período.
Tabla 1: Capacidad de almacenaje en el período 1977-1998.
En millones de toneladas.
| |
1977 |
1982 |
1986 |
1995 |
1997 |
1998 |
| Acopios
comerciales |
9.3 |
21.9 |
24.6 |
29.0 |
30.7 |
31.5 |
| Silo Chacra |
3.4 |
5.0 |
6.3 |
13.5 |
14.1 |
14.5 |
| Otros |
2.9 |
2.0 |
1.1 |
3.5 |
4.1 |
4.5 |
| Total |
15.6 |
28.9 |
32.0 |
46.0 |
48.9 |
50.5 |
El crecimiento observado de la
capacidad de almacenaje, ha sido menor al de la producción total de los cuatro cultivos
principales (trigo, maíz, girasol y soja), causando un déficit en la capacidad de
almacenaje de un 20% en forma directa, durante la última década y mayor aún si se los
compara con la capacidad existente en países competidores de la Argentina.
En este sentido
para que un país pueda tener seguridad comercial y mayor capacidad negociadora es
importante que la capacidad de almacenaje sea superior a la producción granaria anual, y
aunque no se llegara a los niveles alcanzados por Estados Unidos o Francia, que tienen una
relación de 0,7 entre producción y almacenaje, sería deseable alcanzar índices entre
0.8 y 0.9. En la tabla siguiente se observa como fue la evolución de esa relación en el
período 1976- 1988.
Tabla 2: Relación entre la producción de granos/capacidad
de almacenaje, producción de granos y capacidad de almacenaje, en millones de toneladas.
Período 1976-1998.
| Período |
76-77 |
79-81 |
84-85 |
86-88 |
94-95 |
96-97 |
97-98 |
| Producción /Capacidad Almacenaje |
0.68 |
0.75 |
1.36 |
0.97 |
1.22 |
1.20 |
1.20 |
| Capacidad de almacenaje |
15.72 |
29.01 |
29.01 |
32.17 |
46.25 |
48.94 |
50.50 |
| Producción de granos |
10.69 |
21.76 |
39.45 |
31.21 |
56.42 |
58.72 |
60.60 |
La tabla muestra además que
la tasa de crecimiento anual de la capacidad de almacenaje entre los años 1979 y 1988
estuvo cercana a las 350.000 toneladas anuales mientras que la producción creció en ese
mismo período a tasas cercanas al millón de toneladas por año. La recuperación que se
produjo a principio de los años 90 con la inversión en plantas de almacenaje ya sea a
nivel de acopiadores, cooperativas, productores, industrias, etc., no logró hasta el
presente superar el atraso producido en la década anterior, por cuanto las tasas de
crecimiento de la producción granaria se incrementaron, manteniendo con ello una
relación todavía deficitaria.
-Almacenaje a campo.
Como se mencionó
mas arriba, a partir de los años 90 se produjo una fuerte inversión en silos en chacra,
llegando a participar actualmente con un 30% de la capacidad total del País. Sobre un
total de 91.812 silos chacra existentes en el país, con una capacidad total de 13.591
miles de toneladas, el 63% se ubican en la provincia de Buenos Aires, y de este porcentaje
aproximadamente el 50% se radica en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.
Considerando
únicamente los partidos de Balcarce y Tandil para los cuales se dispone de información
actualizada, entre un 42% y un 45% de los productores que posee silos, sobre una muestra
que abarcó el 21% y el 32% del total de productores. (Tabla 3).
Tabla 3: Principales indicadores sobre el almacenaje en los partidos de Balcarce
y Tandil.
| |
Tandil |
Balcarce |
| Producción de granos (tons) |
603.050 |
386.050 |
| Almacenaje comercial (tons) |
217.000 |
138.500 |
| Almacenaje en chacra (tons) |
198.606 |
143.640 |
| Capacidad media/productor (tons) |
1.257 |
1.197 |
| Almacenaje total (tons) |
415.606 |
282.140 |
| Producción/Almacenaje en chacra |
3.04 |
2.69 |
| Producción/Almacenaje total |
1.45 |
1.37 |
Una primera lectura muestra
que ambos partidos poseen una capacidad total cercana a las 700.000 toneladas y que la
capacidad media por productor es de aproximadamente 1.200 toneladas. La tabla también
muestra que, por un lado, la producción supera ampliamente, llegando a triplicar en el
partido de Tandil, a la capacidad de almacenaje en chacra. Por otro lado, la capacidad de
almacenaje total en ambos partidos se ve superada en un 40% aproximadamente.
-Análisis de la Inversión
Al momento de
instalar una planta de almacenaje en chacra es fundamental elegir correctamente su
capacidad total.
El monto de la
inversión para una planta de almacenaje a campo de 2000 toneladas de capacidad, es de
aproximadamente 333.000 pesos; para una planta de 6.000 toneladas la inversión total
asciende a 779.000 pesos. Debido a la magnitud de estas cifras el dimensionamiento de la
instalación cobra especial importancia, más aún considerando que su tamaño
contribuirá a su performance no solo técnica sino también económica.
El procesamiento
de la producción a través de una planta propia genera un ahorro de dinero como
consecuencia de menores gastos durante el proceso de comercialización de los granos. Una
planta de almacenaje mal dimensionada tendrá mayores gastos de amortización y de
estructura, determinando así un menor ahorro durante la comercialización.
Un estudio
reciente muestra que, para un establecimiento que cultive anualmente 2500 has, y
comercialice 8.572 toneladas de trigo, girasol, maíz y soja, a los precios promedio
registrados entre 1998 y 2000, una planta de 6000 toneladas generaría un ahorro igual a
cero (Figura 1). Es decir, con una planta de estas características el productor tendría
los mismos beneficios económicos procesando la producción a través de su propia
instalación que entregándola a un acopio comercial. Silos en chacra de menor capacidad
tendrían beneficios económicos positivos como consecuencia de menores costos fijos.
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