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La creciente preocupación de un sector de la
población mundial por consumir alimentos inocuos para la salud humana obtenidos con
tecnologías amigables con el medio ambiente, que no hayan sido sometidos a grandes
tecnologías de procesamiento y transformación y que conserven lo más intacto posible
las cualidades organolépticas originales (aroma, color, sabor), han generado una
creciente demanda por alimentos con tales características, cuyos orígenes puedan ser
identificados y tengan el respaldo de la certificación. Tanto los alimentos originados en
la producción orgánica como en la integrada, poseen estas características
diferenciales.
Ambos sistemas se caracterizan por ajustarse a
protocolos o normativas que indican claramente los procesos de producción e insumos
aplicables a cada caso, los que son controlados por empresas certificadoras, las que
también certifican los productos finales obtenidos.
Una de las características que diferencian estos
sistemas consiste en que la agricultura orgánica, ecológica o biológica prohibe el uso
de organismos genéticamente modificados y de insumos químicos (fertilizantes,
insecticidas, pesticidas), mientras que la producción integrada permite la aplicación de
agroquímicos sintéticos pero en forma oportuna y restringida.
La producción orgánica se aplica a todos los
productos agropecuarios (fibras y alimentos) ya sean de origen vegetal como animal. La
comercialización de productos orgánicos ha tenido un gran desarrollo en los últimos tiempos, especialmente en la
Unión Europea, EUA y Japón. En la actualidad existen aproximadamente 130 países que se
dedican a este tipo de producción.
La producción integrada está restringida
fundamentalmente a la producción de frutas y verduras y los mercados más importantes se
encuentran en la Unión Europea, particularmente Suiza e Italia con un mayor desarrollo.
Las exigencias para la producción y procesamiento
de alimentos y fibras orgánicas son mayores que las exigidas para la producción
integrada.
No obstante esta última está en mejores
condiciones de convertirse en producción orgánica que la producción convencional.
Ambos enfoques de producción, además de
considerar aspectos económicos y ambientales, propugnan el mejoramiento de las
condiciones de vida de sus practicantes, y revalorizan la mano de obra rural, por lo cual
promueven la sustentabilidad integral de los sistemas (económica, social y ecológica).
Cabe destacar que todos estos productos se
comercializan con sobreprecios que varían según el caso y que la Argentina posee
ventajas comparativas y competitivas para establecerse como un importante exportador de
estas producciones.
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