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Introducción
En la campaña 2000/2001 la producción de trigo, maíz, soja y girasol en
Argentina fue de 48 millones de toneladas, en tanto que la capacidad de acopio estimada es
de 43 millones de toneladas. La diferencia entre ambas cifras arroja un déficit de
almacenaje de 5 millones de toneladas, pero teniendo en cuenta la producción de otros
cultivos menores este déficit puede ser mucho más importante. Se estima que la capacidad
de almacenaje en el campo es de 13 millones de toneladas, solo el 30% de la capacidad
total. Esta situación genera un cuadro de ineficiencias del sistema de poscosecha, que en
definitiva se traduce en un costo extra para los productores que ven disminuida la
rentabilidad de sus empresas. La instalación de estructuras de almacenaje permanentes
(silos, celdas, etc.) no está al alcance de la mayoría de los productores, debido a la
alta inversión inicial requerida y a la falta de créditos accesibles. Desde hace unos
años, los mismos productores en su afán de solucionar sus problemas de déficit de
almacenaje, han adaptado el sistema tradicionalmente usado en el almacenaje de grano
húmedo para almacenar granos secos. Esta técnica consiste en el almacenamiento de granos
en bolsas plásticas herméticas, donde el proceso respiratorio de los integrantes
bióticos del granel (granos, hongos, insectos, etc.) consume el oxígeno (O2) generando dióxido de carbono (CO2). La constitución de esta nueva atmósfera,
rica en CO2 y pobre en O2, suprime, inactiva o reduce la capacidad de
reproducción y/o desarrollo de insectos y hongos, como así también la propia actividad
del grano, facilitando su conservación.
La mayor ventaja que los productores encuentran en el uso de las bolsas plásticas
para almacenar granos secos es que es un sistema económico y de baja inversión. El costo
de comercialización del grano durante la época de cosecha es mayor que en el resto del
año. Algunos estudios establecen que la diferencia entre enviar el grano al acopio o
embolsarlo por un período de tres-cuatro meses genera un ahorro a los productores del
20-25% en trigo, 30-35% en maíz y 20-25% en soja dependiendo de la distancia a puerto,
sistema de comercialización, etc. Además de estas ventajas económicas, las bolsas
plásticas permiten almacenar granos de manera diferenciada, separando granos por calidad
(trigos según calidad panadera), variedad (diferentes tipos de semillas), etc. , sin gran
trabajo y con alta seguridad de mantener el material diferenciado. Por otra parte, las
bolsas plásticas permiten el almacenaje de los granos en el mismo lote de producción,
haciendo más ágil la cosecha. Durante la cosecha el sistema de transporte y la
recepción de granos en el acopio constituyen verdaderos cuellos de botellas. La demanda
de camiones durante la cosecha nunca llega a ser satisfecha, ocasionando incremento de
precios del flete y problemas de logística en las empresas agropecuarias. El retraso
ocasionado en la recepción del acopio muchas veces se traslada hacia atrás, hasta la
cosecha misma.
Las condiciones climáticas en el otoño, época de cosecha de maíz y soja,
suelen ser críticas, y la pérdida de un solo día de trabajo puede causar cuantiosas
pérdidas y numerosos problemas logísticos. Los productores no son los únicos
beneficiados por el uso de las bolsas plásticas. Los acopios encuentran en las bolsas un
sistema flexible que les permite incrementar su capacidad de almacenaje según las
necesidades de acopio que tengan en un año en particular. Si la cosecha es importante,
pueden embolsar parte del grano recibido, sin necesidad de realizar grandes inversiones.
En cambio si la cosecha es inferior a la planificada, los acopios no se quedan con
capacidad ociosa, maximizando la rentabilidad de sus instalaciones.
La proyección de la expansión del almacenaje en bolsas para los próximos años
puede ser aun más importante de lo experimentado hasta el momento. Para la campaña
2001/2002 se estima que entre 2,3 y 2,6 millones de toneladas serán almacenadas en bolsas
plásticas y se cree que esta tendencia se va a acentuar en los próximos años. Por los
motivos expuestos surge la necesidad de generar información confiable que ayude a los
productores a implementar esta técnica de manera correcta, a los fines de minimizar las
pérdidas de calidad y maximizar las prestaciones de este sistema.
El principal objetivo del presente trabajo es determinar cuál es el efecto de las
variables humedad de grano y tiempo de almacenamiento sobre los parámetros de calidad del
grano.
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