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Cuando la soja ingresa al sistema de rotaciones de cultivos de una región,
surge inmediatamente entre los productores preocupación sobre el fenómeno
de la nodulación. Esta preocupación es justificada, ya que los nódulos son
los órganos en los cuales, merced a la coparticipación entre la planta de
soja y la bacteria Bradyrhizobium japonicum u otras relacionadas a ella,
se produce la fijación de nitrógeno.
Por qué interesa tanto la fijación de nitrógeno en la soja? Las razones
son concluyentes: la soja está genéticamente diseñada para acumular
proteínas en sus granos, alrededor de 38-40%; si no satisface un
determinado nivel de acumulación de proteínas, sacrifica rendimiento. Las
proteínas de soja tienen un 5,75 % de nitrógeno en su composición, por lo
cual el cultivo debe acumular alrededor de 80 kg de este nutriente en su
biomasa vegetal para producir cada tonelada de grano.
No todo el nitrógeno acumulado por el cultivo de la soja proviene de la
fijación biológica. En primera instancia, mientras se genera el sistema nodular, la planta utiliza nitrógeno del suelo, que le resulta ligeramente
más barato, en términos de energía gastada. Si hay mucho nitrógeno en el
ambiente de la raíz, derivado de un suelo naturalmente rico, o del
agregado de fertilizante nitrogenado, la planta "dará órdenes" para que el
número de nódulos formados sea menor. Esta es una de las razones de la
falta de nodulación, aunque nuestra experiencia en Balcarce indica que la
fertilidad natural de los Argiudoles nunca llega a ser tan alta que inhiba
la nodulación. La fertilización plantea un problema distinto y la
inhibición nodular depende de la dosis y de la localización del
fertilizante nitrogenado. Se acepta que alrededor de 40 kg ha-1 de de
18-46-0, lo cual equivale a 7,2 kg ha-1 de N, no inhiben la nodulación,
pero dosis mayores son peligrosas porque invitan a la planta a no formar
un sistema nodular, que después será necesario para aportar nitrógeno a
alta tasa, durante la etapa de llenado de grano.
Solamente la complementación de las dos fuentes de nitrógeno, el suelo
y la fijación, son capaces de generar los rendimientos potenciales que
prometen los cultivares actuales, asociados a las técnicas de manejo
precisas que hoy se conocen. Por lo tanto, hay que generar las condiciones
para el logro de un buen sistema nodular.
Otra razón importante de falta de nodulación es la calidad de los
inoculantes, en interacción con la técnica de inoculación. Cuando se habla
de calidad, se considera básicamente el número de bacterias viables por
unidad de soporte y la o las cepas de Bradyrhizobium japonicum utilizadas.
La calidad de las cepas, si bien es un tema central de investigación, no
debiera serlo a nivel de los inoculantes comerciales, ya que los
fabricantes normalmente utilizan cepas conocidas y debidamente probadas.
El número de bacterias está reglamentado por SENASA en nuestro país y es
del orden de los 1000 millones por gramo o mililitro de doporte, durante
el período de aptitud de uso del producto y 100 millones en el momento en
que el producto expira. Se logran esos números en la práctica?
Habitualmente sí, en los productos que ya tienen un espacio ganado en el
mercado argentino. Se logran más fácilmente en los soportes estériles,
cual es el caso de los inoculantes de base líquida, que dominan el mercado
argentino. Sin embargo, el hecho de que en la bolsa de inoculante se
respete el número de bacterias es sólo el principio de la historia.
A
partir de la inoculación, hay una pérdida de viabilidad sobre la semilla,
que es natural. De modo que, cuantas más bacterias se inoculen a la
semilla, mayor será la probabilidad de que queden algunas, para esperar el
momento en que la semilla germine, emita su radícula y comiencen los
eventos de intercambio bioquímico y genético que dan lugar a la nodulación.
El objetivo de la inoculación es asegurar la mayor cantidad posible de
bacterias sobre la semilla.
El soporte también es importante. Cada uno de ellos tiene sus ventajas
y desventajas. A favor de la turba juega su efecto protector sobre la
supervivencia del rizobio en el suelo, porque su matriz, con alta
superficie específica y alta higroscopicidad ofrece un nicho especial,
protegido y húmedo para la bacteria. En su contra juegan la mayor
dificultad de lograrla totalmente estéril y la mayor dificultad de la
técnica de inoculación, que exige el pegado de las bacterias con adhesivos
para asegurar 105 o 106 por semilla.
Los inoculantes líquidos ofrecen
ventajas y desventajas exactamente opuestas a las expresadas para la
turba: mayor facilidad de aplicación y menor estabilidad en la
supervivencia de las bacterias sobre semilla, durante períodos de estrés
hídrico. Por eso no hay un mejor inoculante, sino un inoculante adecuado a
cada caso. Cuando es seguro que hay humedad en el suelo, derivado de un
sistema de labranza como la siembra directa, con mucho rastrojo, protector
de las altas temperaturas y la desecación, los líquidos son excelentes.
Lo mismo ocurre cuando existe la posibilidad de regar despues de sembrar
para ayudar a la rápida emergencia.
Por otro lado, cuando se trabaja en
secano, con labranza convencional y/o se deba sembrar con una humedad
reducida, aún cuando alcance bien para la germinación de la semilla,
habría que considerar el uso de inoculantes a base de turba, que
estabilizarán la supervivencia de los rizobios hasta la emergencia de
raíces. Este fue el caso en la campaña 2000-2001 en Balcarce, en una
experimento en labranza convencional, que sufrió una intensa sequía
inmediatamente después de la implantación. En él se registraron en V7 un
promedio de 24 nódulos por planta en los tratamientos inoculados con turba
y 11 nódulos por planta en los inoculados con inoculante acuoso, ambos con
la misma cepa.
Hay que recordar una vez más, que el uso de biocidas de cualquier
índole, disminuirá el número de bacterias vivas sobre la semilla y
comprometerá en cierta medida, la magnitud de la nodulación. Si hay
razones agronómicas, probadas por eventos previos, que fundamentan el uso
de fungicidas o insecticidas, habrá que utilizarlos, pero se propone la
reflexión de no utilizarlos "por las dudas". Si se usaron biocidas y
ocurre una sequía inmediatamente despues de la siembra, que demora la
emergencia, la nodulación se verá mucho más comprometida. Nuevamente, en
Balcarce , durante la última campaña, la concentración de N en grano
disminuyó de 5.95% a 5.55% por el uso de funguicida, lo que implicó 34 kg
menos de N fijado por hectárea.
Asimismo, se puede considerar la preinoculación, que despierta desde
hace un par de años mucho interés entre los productores, porque ofrece,
potencialmente, la facilidad de inocular con anticipación toda la semilla
que se utilizará, dinamizando la operatoria de la siembra y e incluso,
ayudando a respetar las fechas óptimas de siembra, si se cultivaran muchas
hectáreas. La técnica de preinoculación, tal como se la promociona,
preconiza que esto puede hacerse con un mes de anticipación. Utiliza
inoculantes en base turba o líquidos con recuentos excelentes en las cepas
que los componen, son estériles, e incluye el uso de adhesivos y
protectores para la supervivencia. Las empresa exhiben resultados
favorables a la técnica en sus folletos de promoción y hay algunos
resultados independientes que muestran que la preinoculación no se
diferencia significativamente de otros inoculantes utilizados en la forma
convencional.
Respecto del impacto de inocular sobre le rendimiento de la soja, en
suelos en lo que se la cultiva por primera vez, una inoculación exitosa
debiera generar incrementos en el rendimiento del orden de los 400 kg de
grano ha-1. Este valor disminuirá si el cultivo está sometido a estrés
hídrico, durante el período de formación de nódulos y/o durante el período
crítico de la soja en lo respecta a humedad, que es llenado de granos. En
un año con una excelente disponibilidad de agua y buena distribución de
las precipitaciones, se puede potenciar la diferencia hasta llegar a
900-1000 kg ha-1 si no existen otras limitantes. En un suelo donde
Bradyrhizobium japonicum ya se encuentra naturalizada, por haber sido
incorporada en inoculaciones previas, las respuestas a la inoculación son
menores, porque las bacterias presentes en el suelo hacen una parte de la
tarea. Sin embargo, a través de los años se encuentra una respuesta
consistente del orden de 10-15% sobre los testigos y un incremento en la
concentración de proteína, que justifican con creces el costo del
inoculante.
Estos elementos de juicio servirán como marco general para interpretar
la nodulación en sentido amplio y comprender su influencia sobre el
rendimiento del cultivo. Sin embargo debe recordarse que el número de
nódulos y su masa son solamente un aspecto a considerar. El otro,
extremadamente importante, es la eficiencia, que se refiere a la cantidad
de nitrógeno fijado por unidad nodular, expresada en peso. La magnitud de
la eficiencia nodular es una función del funcionamiento general del
cultivo.
Para optimizar la fijación de nitrógeno, es necesario optimizar el
funcionamiento del cultivo en lo que hace a disponibilidad de agua,
balance de otros nutrientes, captación máxima de la radiación, conversión
eficiente de la misma en biomasa y posteriormente, adecuado llenado de
granos
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