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Ing. Agr. Víctor Pereyra - EEA INTA Balcarce
Setiembre 2003
El problema creado por la introducción de una raza
inexistente en el país del hongo Plasmopara halstedii, agente
causante del enanismo del girasol, ha sido explosivo. El año anterior no
se tomaron las medidas recomendadas y muchos cultivos sufrieron las
consecuencias. Las herramientas para encarar la coyuntura y las soluciones
permanentes existen. Hay que coordinar y poner en marcha un plan
concreto con buen sustento tecnológico, despejando las dudas que puedan
existir todavía.
Este plan ya está en marcha y tiene como
objetivo que en tres o cuatro años los cultivares comerciales de girasol
tengan incorporada la resistencia a las nuevas razas. Hay empresas que ya
están presentando al público los primeros cultivares híbridos con
resistencia a las nuevas razas, pero es imprescindible que el 100% de los
cultivos esté protegido. Para ello hay que desarrollar en este año y el
próximo las herramientas biotecnológicas necesarias y poner en
marcha los laboratorios de servicio. También hay que proponer y
aprobar herramientas legales eficientes.
Como un último punto, recordar que es necesario un
monitoreo frecuente de la presencia de razas de este patógeno y
que para ello se necesitan laboratorios con capacidad específica.
Mientras tanto, en el período de coyuntura, hay que
generalizar el uso de los fungicidas específicos.
El mildiu o enanismo es una enfermedad potencialmente
muy destructiva en girasol. Su distribución mundial acompaña a la del
girasol y es una de las enfermedades más temidas por los organismos
encargados de la sanidad de los cultivos de girasol. La mayoría de los
países tienen reglamentaciones tendientes a evitar la instalación o
difusión del parásito.
Las fuentes de inóculo son las semillas portadoras de
oosporas (esporas sexuales del patógeno) o restos de cultivos infestados
en años anteriores. La presencia en las semillas de los órganos de
diseminación constituye un elemento de suma peligrosidad para introducir
la enfermedad en campos, regiones o países que pudieran estar libres de
este patógeno o de alguna de sus razas.
Los síntomas más graves de la enfermedad son
la muerte de plantas y el enanismo. Estos daños son más graves cuanto más
temprano se presenta el ataque. Las plantas atacadas pueden presentar
disminuciones de altura en varios grados y, si no mueren, pueden alcanzar
alturas entre 10 y 50 cm. Si una planta atacada florece, su capítulo queda
en posición horizontal, con el disco floral mirando hacia arriba.
El nivel de daño dependerá de diversos factores tales
como: la cantidad de inóculo disponible, el nivel de agua en el suelo, la
edad de la planta, su velocidad de crecimiento y la intensidad lumínica
recibida.
El manejo de la enfermedad se basa en la utilización
de fungicidas específicos y resistencia genética.
Para proteger los cultivos en esta etapa de
transición, se deberá recurrir al tratamiento químico de la semilla con
productos eficaces. El principio activo más utilizado para esta enfermedad
es el metalaxil.
Con el grado de difusión que han tenido las nuevas
razas del patógeno, es imprescindible el tratamiento químico de las
semillas a sembrar.
En lotes con suelo contaminado, la utilización de 300
cc de metalaxil combinados con 300 g de mancozeb cada 100 kg de semilla ha
sido eficaz para el control de la enfermedad.
Algunas empresas venderán este año semilla tratada
con metalaxil o alguna combinación de productos de probada eficacia. En
los casos en que el proveedor de la semilla no garantice que fue realizado
el tratamiento adecuado, el productor debería hacer el tratamiento por su
cuenta.
Recuerde que la protección de la semilla con el
producto recomendado es imprescindible en la próxima siembra.
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