|
|
|
Diagnóstico de deficiencia de nitrógeno
En la actualidad es posible efectuar el diagnóstico
de deficiencias de nitrógeno mediante herramientas con distinto grado de
precisión. Las mismas incluyen: la observación de síntomas visuales en el
cultivo, el análisis de nitratos en el suelo, el balance de N, los
análisis de nitratos en los pecíolos, de N total en planta o clorofila en
lámina. Estas metodologías de diagnóstico no son excluyentes, sino que por
el contrario, se complementan y permiten efectuar un diagnóstico más
preciso del estatus nitrogenado del cultivo.
Los síntomas visuales de deficiencia de N son de suma
utilidad en condiciones de campo y requiere cierta experiencia para evitar
confundir este efecto con los provocados por fitotoxicidad de herbicidas,
enfermedades, etc. Si bien, es una metodología de bajo costo requiere la
corroboración de las observaciones empleando análisis de suelo y planta.
El N es extremadamente móvil en la planta y en condiciones de deficiencia
es traslocado a los órganos más jóvenes de la planta, por lo tanto las
hojas inferiores presentan coloración verde pálido que evoluciona a
amarillo y por último a necrosis tisular. Las hojas superiores pueden
presentar coloración verde pálido. En general, los síntomas son claramente
identificados en condiciones de extrema deficiencia, lo que generalmente
se produce en estadios avanzados del cultivo y conspira con las
posibilidades de ser empleado como metodología de diagnóstico de
requerimiento de fertilizantes. A nivel de lote de producción, una forma
de mejorar la visualización de los síntomas de deficiencia de N, es por
medio de una franja con una dosis de N doble o extra a la empleada en el
resto del lote. Esta franja con mayor cantidad de N de la recomendada,
permitirá visualizar situaciones en donde la cantidad de N aplicada no fue
lo suficiente y eventualmente permitirá realizar una fertilización
complementaria de N.
La cantidad de nitrato en el suelo a la siembra es un
buen indicador de la disponibilidad de N para el cultivo. Para ello y en
función de la movilidad del N, es recomendable la toma de muestras por
capas de 0-20, 20-40 y 40-60 cm, lo que permitirá estimar los kg de N
disponibles a la siembra del cultivo. Estudios desarrollados en el sudeste
bonaerense muestran que las respuestas a la fertilización no son
significativas en condiciones de suelos con más de 50 kg N ha-1 en los 60
cm superficiales (Gonzalez Montaner y Di Napoli, 2002). En el oeste de
Buenos Aires (Duarte et al., 1999) observaron respuestas económicas al
agregado de urea en más del 90 % de los sitios en los que los suelos
presentaban niveles de N menores a 30 kg N ha-1. La cantidad de nitrato en
el suelo a la siembra es sin duda un buen punto de partida para el
diagnóstico de requerimiento de N.
Si bien la cantidad de nitrato en el suelo a la
siembra (Nin) del girasol representa una fracción relevante
para el cultivo, el aporte por mineralización (Nmin) durante el
ciclo del cultivo no es menos importante, en especial en los suelos del
sudeste bonaerense con elevados contenidos de materia orgánica (MO). Ambas
fuentes contribuyen a la oferta de N y cuando cubren los requerimientos
del cultivo (Req), no es factible esperar respuestas al agregado de N por
fertilización. Este método de diagnóstico es generalmente denominado del
balance de N (Meisinger, 1984), y la dosis de N a aplicar (Nf)
para un rendimiento objetivo (Rto) surge de la siguiente ecuación:
Nf = [(Rto x Req) – (Nin x es)
– (Nmin x em)] / ef
donde: es representa la eficiencia para el
N inicial a la siembra, ef la eficiencia del fertilizante y em
la eficiencia de utilización del N mineralizado. Según esta ecuación, para
rendimientos de 2,5 a 3 Mg ha-1 se requieren entre 100 y 150 kg N, los que
habitualmente pueden ser cubiertos por la oferta de N (Nin + Nmin)
de los suelos del sudeste bonaerense con buen contenido de MO y bajo
labranza de tipo convencional. |
|

Figura 4: N disponible inicial y mineralizado durante el ciclo de
cultivos estivales en dos campañas

Figura 5: Rendimiento promedio de girasol bajo
labranza convencional (LC) y siembra directa (SD) en las campañas
1999-2000 a 2002-2003 en Balcarce
Figura 6:
Relación entre el contenido de nitratos en jugos de pecíolos de
girasol y rendimiento relativo de girasol fertilizado con 40 kg N ha-1
(R0/R40) o con 80 kg N ha-1 (R0/R80)

Figura 7: Rendimiento en grano de girasol bajo
labranza convencional (LC) y siembra directa (SD) con 0, 60 y 120 kg N
ha-1
Figura 8:
Relación entre la concentración de N y la materia seca aérea de
plantas de girasol bajo LC y SD (Redolatti et al., 2000). La línea
representa el modelo (N%=281,5 / (MS + 52,6)) propuesto por Merrien
(1992)
Figura 9:
Relación entre el índice de nutrición nitrogenada (INN) y el
rendimiento relativo de girasol fertilizado con 40 kg N ha-1 (R0/R40)
o con 80 kg N ha-1 (R0/R80). Las líneas indican los niveles críticos
para un 10% de respuesta |
|
Esta situación ha cambiado en los últimos años,
como consecuencia de la intensificación de la actividad agrícola que ha
provocado disminuciones en los contenidos de MO de los suelos y por lo
tanto en los aportes de N por mineralización. Una situación mas grave aún,
se plantea en aquellas situaciones en las que se implementó el sistema de
siembra directa (SD), el que se caracteriza por una menor oferta de N para
los cultivos (Figura 4) (Echeverría y Sainz
Rozas, 2001).
La menor oferta de N bajo SD incide en la magnitud de
la respuesta a la fertilización nitrogenada. Para las cuatro ultimas
campañas agrícolas, el promedio de la respuesta al agregado de 55 kg N
ha-1 como urea en el ensayo de labranzas de la E. E. A. INTA de Balcarce,
fue de 230 y 500 kg ha-1, bajo LC y SD, respectivamente (Figura
5) (G. Studdert, comunicación personal).
Si bien el método del balance de N es conceptualmente
sólido, la información necesaria para aplicarlo generalmente es
incompleta, poco confiable o estimada a partir de información parcial, por
lo que su aplicación descansa en el conocimiento del sistema del que lo
aplica y en la práctica es solo relativamente confiable.
La concentración de nitrato en el jugo de los
pecíolos de la ultima hoja totalmente expandida entre los estados de V4 y
V6, ha sido propuesta como una medida del estado nutricional nitrogenado
del cultivo (Díaz-Zorita y Duarte, 1998). La concentración de nitrato en
planta es un parámetro muy dinámico, por lo que esta evaluación requiere
de precauciones en el muestreo evitando tomar las muestras durante el día
o en cultivos donde se ha realizado aplicación de herbicidas. Cada muestra
debe estar compuesta por al menos 30 pecíolos de distintas plantas y ser
tomadas antes de las 8,30 h. Con una prensa, se debe realizar el extracto
de la savia y la determinación del contenido de nitratos con el empleo de
bandas reactivas específicas y de reflectómetros portátiles. Toda esta
operación debe ser realizada en el menor tiempo posible. Según Díaz-Zorita
y Duarte (1998), la concentración de nitratos en la savia se asocia a la
de nitratos en el suelo y permite identificar cultivos con respuesta a la
fertilización nitrogenada (Figura 6). Cuando
la concentración de nitratos en los testigos es superior a 3000 mg NO3- L,
se logra en promedio el 90 % del rendimiento del tratamiento fertilizado
con urea.
En una red de ensayos de fertilización en la región
girasolera, esta variable se asoció pobremente al rendimiento de los
testigos (R2 = 0,21) y de manera mas aceptable a la respuesta por
fertilización nitrogenada (R2 = 0,34)(Barraco, Bono y Quiroga, 2003).
Estos resultados cuestionarían la validez del empleo de esta herramienta
como único criterio para evaluar el estatus nitrogenado del cultivo de
girasol.
El análisis del contenido de N total en planta entera
o en una parte específica de la misma como las hojas, también ha sido
propuesto como herramienta de diagnóstico del estatus nitrogenado del
cultivo que permitiría efectuar fertilizaciones adicionales para cubrir
los requerimientos de los cultivos. La interpretación de los resultados de
los análisis foliares de N se pueden realizar en base a el nivel crítico
(NC), el rango de suficiencia de nutrientes (RSN) y de la curva de
dilución de N. El NC se define como el valor de concentración donde los
síntomas de deficiencia de N aparecen o cuando dicha concentración se
relaciona con una disminución del 10 % de los rendimientos (Dara et al.,
1992). El RSN se define como el rango de concentración entre el NC y el
valor por encima del cual se produce toxicidad. Estos sistemas requieren
que el valor del análisis foliar sea comparado con el NC o el RSN
definidos como umbrales y, determinados en la misma parte de la planta y
estadio de crecimiento que la muestra analizada (Jones, 1998). En el caso
de girasol, valores de N total en la hoja recientemente expandidas en R1 y
R2 de 52 y 33 g kg-1, respectivamente, serían adecuado (Blamey et al.,
1997). A su vez el RSN en el estadio de R5 sería de 30 a 50 g kg-1 (Merrien
et al., 1986). Esta metodología de diagnóstico ha sido poco utilizada en
la práctica por ser muy poco precisa y además porque cuando detecta
deficiencias de N, es generalmente tarde para subsanar la deficiencia.
Una mejor utilización de los valores de concentración
de N es posible realizar al analizar estos en relación a la acumulación de
materia seca del girasol. A medida que los cultivos se desarrollan
disminuye la concentración de N en los tejidos, lo que ha permitido
definir la denominada curva de dilución de N (Greenwood et al., 1990).
Para el girasol Merrien (1993) definió un modelo que describe la
concentración de N en planta en función de la biomasa por planta. La misma
determina la concentración crítica de N en planta que permite alcanzar al
cultivo la máxima tasa de crecimiento. Esta metodología permite
identificar situaciones de consumo de lujo de N como así también cuando el
cultivo sufre algún tipo de estrés, por lo tanto, la curva de dilución se
constituye en un buen estimador de la disponibilidad de N para el cultivo.
En una experiencia de fertilización nitrogenada de
dos años realizada en Balcarce bajo LC, en la que no se determinó
respuesta al agregado de N, se determinó que la mayoría de los valores
experimentales se ubicaron por encima de la curva de dilución (Sosa et
al., 1999). En otra experiencia con dosis crecientes de N, bajo LC y SD,
solo se determinó respuesta significativa al agregado de N bajo LC (Figura
7). La concentración de N de los tratamientos bajo SD se ubicaron por
debajo de la curva de dilución de N (Figura 8),
lo que significa que estas plantas poseen un porcentaje de N inferior al
necesario para obtener la máxima tasa de crecimiento. Es de destacar que
los contenidos de N disponible en suelo (0-60 cm) fueron menores bajo SD
que bajo LC (33,4 y 60,8 kg N ha-1, respectivamente) (Redolatti et al.,
2000), por lo tanto el N disponible en suelo, detectó anticipadamente la
deficiencia de N bajo SD.
Cuando el cultivo posee menos de 1 Mg ha-1 de materia
seca o en los estadios reproductivos, la misma no tiene sensibilidad para
detectar deficiencias de N (Greenwood et al., 1990). Esto constituye una
limitante al empleo de la misma, particularmente al comienzo del ciclo.
A partir del cociente entre la concentración de N en
el cultivo, para una acumulación de materia seca determinada, y la
concentración crítica es posible determinar el índice de nutrición
nitrogenada (INN). Si el INN en el estadio de V6 es inferior al 90 %, es
probable determinar respuesta al agregado de N de aproximadamente 10 % en
los rendimientos del cultivo (Figura 9)(Duarte
et al., 1996).
Los resultados presentados sobre la curva de dilución
de N y del INN permiten ser auspiciosos respecto al empleo de esta
metodología con fines de caracterizar el estatus nitrogenado del cultivo
durante gran parte del ciclo del mismo.
Otra alternativa para estimar la respuesta a la
fertilización nitrogenada es el empleo de modelos de regresión múltiple.
Esta herramienta se empleó para evaluar una red de 24 ensayos de
fertilización en la región girasolera argentina. Se planteó desarrollar un
método de diagnóstico de respuesta a la fertilización nitrogenada en 4 a 6
pares de hojas, en base a parámetros edáficos, de cultivo y ambientales.
La respuesta a la fertilización en rendimiento en grano o kg ha-1 de
aceite se estudió usando modelos de regresión lineal múltiple, con
selección de variables por el método del Máximo Incremento del R2 y con
selección descendente (backward) (Rawlings 1988). Se logró explicar el 63
% del rendimiento en grano de los testigos por variables relacionadas con
el N, la textura y la humedad en el suelo. Un 41 % del incremento de
rendimiento por agregado de 80 kg N ha-1 se logró predecir por el N total
en suelo y en planta y el jugo de los pecíolos. La introducción de algunas
variables como MO joven, la relación de MO total con la textura, el N
total en planta y el jugo de los pecíolos mejoran modelos similares
propuestos para la región semiárida pampeana (Barraco, Bono y Quiroga,
2003).
Consideraciones finales
El crecimiento del cultivo del girasol está regulado
por factores ambientales y de manejo. Una vez cubiertas sus demandas
hídricas y ante la aplicación de buenas prácticas de manejo agronómico, la
disponibilidad de N y de fósforo son los elementos que con mayor
frecuencia limitan el desarrollo del cultivo en el sudeste bonaerense. El
girasol, en comparación con otros cultivos, no posee elevados
requerimientos de N, no obstante, la demanda del mismo puede no ser
cubierta por la oferta desde el sistema suelo y esto es particularmente
valido para el sistema de SD. Se han propuesto diversos métodos de
diagnóstico y de monitoreo de la nutrición nitrogenada. Entre ellos se
destacan: la determinación de la oferta de nitratos en el suelo, el
balance de N en el sistema suelo-planta, la evaluación de los contenidos
totales de N (planta entera o en algún órgano), de alguna fracción de N en
planta (nitratos en el jugo de pecíolos), e inclusive la observación
visual del cultivo. Estos métodos han demostrado su validez para
diferentes condiciones ambientales, no obstante, los mismos en forma
aislada no serían suficientemente confiables y robustos como para su
aplicación en forma generalizada. A fin de garantizar la nutrición
nitrogenada del cultivo, la estrategia más adecuada seria la aplicación
combinada de varias de estas técnicas.
Bibliografía
Andrade;F. y Sadras V. (Eds.). 2000. Bases para el manejo del maíz,
girasol y soja. INTA Balcarce- FCA. UNMdP.
Blamey, F. P. C., R. K. Zollinger, A. A. Schneiter. 1997. Sunflower
production and culture. En: Schneiter, A.A. (ed) Sunflower Technology and
Production, Agronomy. ASA, CSSA, SSSA. Madison (Wisconsin, EUA), Monograph
no 35, 595-670.
Díaz-Zorita, M. 2002. Nutrición mineral y fertilización. En: M.
Díaz-Zorita y G. A. Duarte, Manual práctico para el cultivo de girasol,
Editorial Hemisferio Sur, Buenos Aires (Argentina), 77-96.
Díaz-Zorita, M. y G. A. Duarte. 1998. El nitrógeno y la producción de
girasol en la región de la pampa arenosa. Actas XVI Cong. Arg. de la
Ciencia del Suelo. Carlos Paz (Córdoba, Argentina), 115-116.
Duarte, G. A., M. Díaz-Zorita y G. A. Grosso. 1999. Sunflower response
to nitrogen fertilization in the subhumid pampas (Argentina). ASA, CSSA
and SSSA Agronomy Abstracts 91: 259-260.
Echeverría, H.E.; Sainz Rozas, H.R. 2001. Eficiencia de recuperación
del nitrógeno aplicado al estadío de seis hojas del maíz bajo riego en
siembra directa y labranza convencional. Ciencia del Suelo 19:57-66.
Gonzalez Montaner, J., M. Di Napoli. 2002. Sistemas de producción de
girasol en la región húmeda argentina. En: M. Díaz-Zorita y G. A. Duarte,
Manual práctico para el cultivo de girasol, Editorial Hemisferio Sur,
Buenos Aires (Argentina), 267-280
Merrien, A. 1993. Physiologie du tournesol. CETIOM, Paris (Francia), 65
pp.
Merrien, A., G. Arjaure y C. Maisonneuve. 1986. Besoins en éléments
minéraux (majeurs, mineurs et oligo-éléments) chez le tornesol dans les
conditions francaises. Informations Techniques CETIOM 95: 8-19.
Sosa, L. J., H. Echeverría y L. Aguirrezábal. 1999. Evaluación de la
nutrición nitrogenada de girasol cultivado en Balcarce (Buenos Aires,
Argentina). Ciencia del Suelo 17: 20-26.
Steer, B. T., P. J. Hocking, A. A. Kortt y C. M. Roxburgh. 1984.
Nitrogen nutrition of sunflower (Helianthus annus L.): yield components,
the timing of their establishment and seed characteristics in response to
nitrogen supply. Field Crop Research 9: 219-236.
Uhart, S.A., H.E. Echeverría y M.L. Frugone. 1998. Requerimientos
nutricionales: Diagnóstico de la fertilización en los cultivos de girasol.
Morgan Semillas, Buenos Aires (Argentina), 29 pp.
Jones JB. 1998. Plant Nutrition Manual. CRC Press LLC.149 p.
Dara, S. T, Fixen P. E. and Gelderman R. H. 1992. Sufficiency Level and
Diagnosis and Recomendation Integrated System Approaches for evaluating
the nitrogen status of corn. Agron. J. 84:1006-1010.
Redolatti, M.; Studdert,G..A..; Echeverría, H. E. y Aguirrezábal, L. A
.N. Siembra directa y labranza convencional para girasol. Nutrición
nitrogenada sobre un suelo descansado en Balcarce. XVII Congreso Argentino
de la Ciencia del Suelo. Mar del Plata, Buenos Aires. Abril 2000. Actas en
CD, 4 pág.
Greenwood, D.J., Lemaire, G., Gosse, G., Cruz, P., Draycott, A. y
Neeteson, J.J. 1990. Decline in percentage N of C3 and C4 crops with
increasing plant mass. Annals of Botany 66: 425-436.
Meissinger, J. J. 1984. Evaluating plant-available nitrogen in soil-crop
systems. In: R.D. Hauck et. al. (eds.) Nitrogen in crop production. Am.
Soc. Agron., Madison, WI., EEUU. pp. 391-416.
|
|