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Causas fisiológicas y posibles soluciones de las variaciones de rendimiento y calidad del girasol

   

Luis A. N. Aguirrezábal

Unidad Integrada F.C.A., U.N.M.P.- INTA Balcarce, CONICET

Setiembre 2003

 

 

 

 

 

El potencial de rendimiento en grano de los cultivares de girasol argentinos es de entre 4500 y 5500 kg por hectárea . Este raramente se alcanza en condiciones de producción. La posibilidad de expresar este potencial, determinado genéticamente, dependerá de las condiciones del ambiente durante el ciclo del cultivo, es decir de los factores climáticos, edáficos y biológicos (enfermedades, plagas animales, etc.) que afectan su crecimiento y desarrollo. Algunos de estos factores ambientales son manejables de manera directa, mientras que otros, si bien no son controlables, son relativamente predecibles.

El girasol mostró un importante descenso del área sembrada en los últimos años, producto de competencia con otros cultivos y de inestabilidad de rendimientos. Existe una demanda importante de diferentes actores de la cadena por estabilizar su rendimiento y calidad. Entre las causas posibles de dichas variaciones del rendimiento se detectan aspectos ecofisiológicos, algunos de ellos conocidos y otros que están siendo actualmente investigados con miras a su solución.

El objetivo de esta exposición es analizar, a la luz de los importantes avances logrados en los últimos años en esta disciplina, a) algunas de las probables causas ecofisiológicas de las variaciones en el rendimiento y la calidad de en este cultivo, b) recordar las posibles soluciones a las mismas vía el manejo del cultivo y c) exponer algunos estudios tendientes a investigar aspectos no resueltos.

La mayor parte de las investigaciones sobre Fisiología y Ecofisiología de girasol se desarrollan en Argentina, especialmente en tres centros públicos (UBA, UNS y Unidad Integrada FCA, UNMP- EEA INTA Balcarce).

La información disponible es extensa (ver. lista bibliográfica recolectada por ASAGIR, www.asagir.org.ar ). Existen diversos libros en castellano destinados a profesionales de la actividad privada y estudiantes avanzados de Agronomía y carreras afines (ej www.inta.gov.ar/balcarce/actividad/divulga/sincargo/altagirasol.htm).

Los diferentes componentes de rendimiento, se definen en diferentes etapas fenológicas del cultivo. El número de plantas comienza a determinarse a la siembra y finaliza luego de la emergencia de las plántulas, aproximadamente cuando estas alcanzan el estado de cuatro hojas verdaderas (Figura 1). El número de granos se determina durante una larga etapa, que comienza en la iniciación floral y que finaliza luego de la floración, durante la etapa de llenado de los granos (aunque la etapa más importante para la determinación de este componente se centra en los días previos y posteriores a la floración). El peso por grano comienza a determinarse aproximadamente en el estado de fin de floración y queda establecido en madurez fisiológica. El porcentaje de aceite, comienza a determinarse algunos días después que el peso por grano y generalmente queda establecido algunos días antes de la madurez fisiológica.

 

 

Figura 1: Estados de desarrollo del girasol, relaciones entre desarrollo y crecimiento y efecto de los factores ambientales más importantes sobre estados críticos. La temperatura afecta todas las fases de desarrollo y se ha omitido intencionalmente en la figura. Una escala arbitraria se usó para la duración de cada fase, i.e. las distancias entre estados no indican duración. De Aguirrezábal y Andrade (2003)

 

 

 

 

 

   

El desarrollo y crecimiento de las plantas se encuentran estrechamente ligados. Los sistemas que captan luz (hojas) y agua y nutrientes minerales (raíces) se desarrollan y/o senecen en determinadas etapas del ciclo las plantas variando la capacidad de las plantas para capturar recursos en diferentes estados fenológicos. El desarrollo y crecimiento foliar y radical son modulados por las condiciones ambientales. La actividad de estos sistemas es también distinta en distintos momentos del ciclo. Un aspecto de importancia es manejar los cultivos de girasol de manera de que los momentos en ocurren las etapas claves del cultivo coincidan con aquellos en que la oferta de recursos del medio es más favorable y en los que el cultivo puede captar (o ya ha acumulado) la cantidad de recursos demandada para maximizar el rendimiento. Esto puede ser efectuado aplicando prácticas agronómicas (elección del ciclo del cultivar a sembrar, de la fecha de siembra, de la densidad de siembra, etc.).

(a) Bajo número de plantas y/o baja uniformidad del cultivo. Causas frecuentes de variabilidad de rendimientos.

El número de capítulos por unidad de superficie resulta del número de plantas por unidad de superficie capaces de desarrollar el órgano reproductivo. Dicho componente del rendimiento depende por lo tanto del número de semillas por unidad de superficie que son sembradas y de la proporción de éstas que germinan, emergen, crecen y se desarrollan.

La germinación y la emergencia de las plántulas debe producirse en forma rápida y uniforme, para obtener así un conjunto de plantas similares en tamaño y con una distribución por unidad de superficie que permita explotar óptimamente los recursos ambientales. Para lograr este objetivo es fundamental conocer la viabilidad, el poder germinativo y el vigor de la semilla a sembrar como también el efecto de los principales factores ambientales que pueden afectar la germinación y la emergencia de las plántulas: la humedad y la temperatura del suelo. La adecuada elección de la fecha de siembra, preparación de la cama de siembra y elección de la profundidad de colocación de la semilla son importantes para obtener una emergencia rápida y uniforme.

La adecuada preparación de la cama de siembra es el principal factor a tener en cuenta. Esta debe permitir un buen contacto suelo semilla. No es conveniente sembrar con temperatura diaria promedio del suelo a 5 cm de profundidad menor de 15°C, ya que la germinación puede ser muy lenta. Es importante realizar las pruebas de viabilidad, germinación y vigor (ej. prueba de “frío”, prueba del metanol) previo a la siembra para conocer el comportamiento probable que podrían tener la semillas, especialmente cuando se esperan condiciones adversas durante los primeros estadios del ciclo (ej. en siembras tempranas, siembra directa). También deben sembrarse semillas de tamaño uniforme para obtener una población uniforme en tiempo de emergencia y tamaño de plántulas.

La densidad y geometría de siembra debe permitir establecer una población de plantas i) cuya superficie foliar sea capaz de interceptar más del 95% de la radiación incidente lo antes posible en el ciclo del cultivo y, especialmente, durante los estadios en que se determinan el número y peso de los granos ii) cuya densidad de raíces y distribución del sistema radical sea capaz de absorber el agua y los nutrientes necesarios para soportar el máximo crecimiento de del cultivo durante etapas claves del cultivo iii) que resulte en un número de granos por unidad de superficie que permita obtener los máximos rendimientos en la condición en que se realizó el cultivo. Además, el cultivo debe ser lo más homogéneo posible para evitar pérdidas a la cosecha.

La densidad de plantas a obtener depende de la potencialidad del ambiente en que se realice el cultivo. El girasol muestra una plasticidad importante, y la meseta de isorendimiento se extiende, para condiciones de secano, entre 35000 y 70000 plantas/ha para prácticamente toda la región girasolera argentina . Con densidades mayores, los rendimientos por unidad de superficie suelen no disminuir e incluso aumentar en ambientes de elevada productividad. No obstante, en estas condiciones las plantas poseen a menudo tallos finos y débiles y aumentan las probabilidades de vuelco. Además, la incidencia de enfermedades puede incrementarse.

Numerosos experimentos en secano realizados con el sistema de labranzas tradicional han demostrado escasa respuesta a la geometría de siembra. Sin embargo, siembras en surcos más cercanos que 0,7 m parecen ser las más favorables en el sistema de siembra directa con cultivares precoces, ya que en caso contrario la eficiencia de intercepción de radiación durante los estadios críticos es baja.

(b) Radiación solar y temperatura.

Una vez establecido correctamente el cultivo, las etapas más críticas para la determinación del rendimiento del girasol son la floración y el llenado de semillas. Para lograr una mayor y/o más eficiente producción, los cultivos deben ser manejados de manera tal de optimizar su estado fisiológico general desde el comienzo de estas etapas.

Uno de los principales objetivos del manejo de cultivos de alta producción es lograr que las hojas intercepten la mayor parte de la radiación solar incidente, ya que la misma es la fuente de energía utilizada para la producción de la materia seca en las plantas. Por ello, alcanzar el IAF crítico (al valor mínimo de IAF que permite interceptar el 95% de la radiación incidente) en el menor tiempo posible después de la siembra del cultivo es un objetivo de manejo fundamental para maximizar la producción de materia seca y del rendimiento si no hay estrés hídrico importante.

 

 

Figura 2: Peso de un grano en función del tiempo térmico desde floración. El área sombreada corresponde al período dentro del llenado de los granos durante el cual el peso y porcentaje de aceite de los granos muestran mayor sensibilidad a estreses ambientales. Tomado de Izquierdo et al.(2002)

 
     

Para lograr altos rendimientos, se necesitan i) altas tasas de crecimiento para lo cual se requieren altas radiaciones y temperaturas diurnas óptimas para el proceso fotosintético y ii) prolongadas duraciones de las etapas fenológicas, especialmente de aquellas más críticas para la determinación del rendimiento. En girasol, estas mayores duraciones se logran con bajas temperaturas (pero por encima de los niveles que dañan los tejidos). Esto es así, siempre y cuando el alargamiento del ciclo no ponga al cultivo en riesgo hacia el final de la estación de crecimiento ya que las condiciones climáticas y edáficas durante la etapa de secado y cosecha deben favorecer la recolección de prácticamente la totalidad del producto producido, sin pérdidas en la calidad del mismo.

Las buenas condiciones generales de crecimiento alrededor de la floración favorecen el fijado de una buena cantidad de granos por planta. La etapa de llenado es también muy importante, ya que se termina de definir el número de granos y se define el peso de los granos y su porcentaje de aceite. Si bien las condiciones ambientales durante todo el llenado son importantes, más del 78% de la variabilidad en peso de los granos y porcentaje de aceite estuvieron explicados por la radiación interceptadas por las plantas durante el período 250-450 ºC día desde floración (Figura 2, Aguirrezábal et al, 2003). La longitud en días de este período es función de la temperatura, pero en promedio representa 14 días en el campo, si consideramos una temperatura media de 20ºC. En la medida que menor sea la temperatura durante dicho período, más larga será en días su duración, mayor la radiación interceptada por el cultivo y mayor el peso final de los granos y su porcentaje de aceite.

En el sistema extensivo de producción de girasol, el más común en Argentina, las prácticas agronómicas más apropiadas para lograr interceptar la mayor parte de la radiación solar incidente son: la elección del cultivar, de la densidad de plantas y de la fecha de siembra. A través de estas prácticas, se debería intentar obtener un IAF de entre 2 y 3, antes de botón floral, y mantenerlo lo más posible durante el ciclo del cultivo, evitando pérdidas causadas por ataques de plagas. La elección del cultivar a sembrar deberá estar en función de su capacidad para tolerar o resistir efectos adversos (enfermedades, vuelco por viento, etc.).

(c) Variabilidad climática.

Se ha evidenciado inestabilidad de rendimientos y porcentajes de aceite, en casos en que el manejo del cultivo es adecuado –y similar- y no se detectan estreses bióticos ni abióticos. Estas pueden ser en parte atribuidas a condiciones de elevada nubosidad y/o elevada temperatura durante el periodo crítico para la determinación del peso y porcentaje de aceite. Una semana nublada no se puede evitar pero hay cambios en la radiación incidente en cada mes que se pueden predecir. Si se tienen excelentes girasoles alrededor de la floración no necesariamente se van a obtener altos rendimientos, pues todavía falta una fase crítica que es el llenado. Gracias a la utilización del modelo de simulación del rendimiento y la calidad del girasol establecido recientemente en la UI Balcarce, se evidenció que la probabilidad de ocurrencia de un periodo de baja radiación incidente que afecte significativamente el rendimiento aumenta en la medida que nos acercamos a marzo. Esto muestra que los llenados tempranos son aconsejables. La elección de una fecha de siembra temprana sería también en este caso la herramienta no sólo para aspirar a un mayor potencial de rendimiento sino también a un nivel de rendimiento más estable.

(d) Déficit hídrico y mineral.

El déficit hídrico es una de las causas más comunes de disminución de rendimientos en girasol. El girasol es una planta capaz de transpirar abundantemente en situaciones de disponibilidad hídrica no limitantes. La gran capacidad de exploración de su sistema radical, capaz de absorber el agua de horizontes profundos en suelos sin limitación a la penetración de las raíces, la gran superficie transpirante de su aparato foliar y las bajas resistencias a la transferencias de agua a través de la planta explican esta característica. Esta especie posee mecanismos de adaptación a los déficit hídricos, tanto a corto como a largo plazo. El efecto de un déficit hídrico en la etapa vegetativa del cultivo puede reducir en forma importante la superficie transpiratoria, disminuyendo el área foliar principalmente a través de una disminución en la superficie individual de las hojas, y en menor medida, en el número de hojas visibles. Un déficit hídrico en la etapa de posfloración reduce por su parte la superficie transpiratoria a través de una aceleración de la senescencia de las hojas. Esta adaptación es poco interesante para zonas donde las sequías suelen ser cortas (ej. zonas húmedas) ya que disminuyen la eficiencia de intercepción y por lo tanto disminuirán los rendimientos. Recientes investigaciones de la Universidad de Buenos Aires, que muestran la capacidad de algunas líneas de girasol de seguir absorbiendo agua durante la sequía gracias a su capacidad de ajuste osmótico muestra mayor interés. Otra adaptación interesante del girasol es su capacidad de absorber agua de zonas profundas gracias a su capacidad de exploración radical. Asimismo, la capacidad de mantener un índice de cosecha estable frente a una sequía, disminuyendo el rendimiento, pero relativamente menos que otros cultivos, es una característica adaptativa importante.

El girasol posee requerimientos relativamente bajos en nutrientes minerales comparado con otros cultivos. Una nutrición mineral adecuada en los mismos es necesaria, ya que sino disminuyen la eficiencia de intercepción y de conversión, y por lo tanto el rendimiento. La mayor absorción de nitrógeno y de fósforo se concentra en los 30 a 35 días que preceden la floración, durante la etapa de gran crecimiento del cultivo, absorbiendo aproximadamente el 75% del nitrógeno total y el 60% del fósforo. Estos resultados deberían ser por lo tanto tenidos en cuenta para determinar el momento de realizar la fertilización del cultivo.

Es de destacar la baja respuesta que muestra el girasol a la fertilización tanto en los ensayos zonales, como en experiencias realizadas en otros países. La cantidad de nitrógeno y fósforo disponibles en los suelos del Sudeste de la Provincia de Buenos Aires parece, sin embargo, ser suficiente para la obtención de los máximos rendimientos zonales. La excepción se ha dado, en general, en suelos con muchos años de agricultura y, especialmente, en siembra directa. En este último caso, la menor mineralización hace que haya respuesta en numerosos casos. Efectos significativos de la fertilización fosforada sobre el rendimiento sólo han sido detectados en suelos con muy baja disponibilidad de fósforo. De todas maneras, una mayor velocidad de crecimiento de las plantas individuales durante de sus primeros estadios ha sido a menudo observada aplicando fertilizante fosforado como "starter" (30 kg/ha).

La acumulación de agua y nutrientes antes y durante el cultivo es la mejor manera de estabilizar los rendimientos frente a posibles déficits. Las prácticas que pueden ser aplicadas para favorecerlas son la elección del lote, del cultivo antecesor, la realización de labores con una buena antelación a la siembra la buena preparación de cama de siembra (para favorecer crecimiento de raíces), y el mantenimiento de barbechos limpios. En el caso de los nutrientes debería adicionrse la fertilización, en caso que esta sea económicamente pòsible y que análisis previos muestren que pueden esperarse respuestas.

Consideraciones finales.

Hemos expuesto brevemente a la luz de los importantes avances logrados en los últimos años en Fisiología y Ecofisiología del girasol, especialmente en la República Argentina, algunas de las probables causas ecofisiológicas de las variaciones en el rendimiento y la calidad de este cultivo. En todos los casos, se citaron las posibles soluciones para mitigar las mismas vía el manejo del cultivo. Es destacable que las prácticas agronómicas que podemos aplicar para apuntar a obtener los mejores rendimientos y porcentajes de aceite posibles en la mayor parte de los años son en su mayoría, de un costo bajo o nulo. Pero casi todas ellas se deben planificar y elegir mucho antes (en su mayor parte, antes de la siembra del cultivo) que su aplicación permita anular y/o mitigar una reducción del rendimiento.

 

 
 

 

 

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