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El tizón tardío es la enfermedad fúngica más grave de
las distintas zonas productoras de papa de la Argentina. Bajo condiciones de
temperatura templada y de alta humedad ambiente o de abundantes lluvias puede
causar grandes pérdidas económicas. La enfermedad produjo en la última
década en el SE Bonaerense pérdidas potenciales totales equivalentes al 50%
del rendimiento; éstas pérdidas fueron aún mayores si se considera el
rendimiento de tubérculos comerciales, principal producto del
cultivo.
El mayor efecto que causa esta enfermedad es la
disminución de la cantidad y calidad de los tubérculos comerciales. Los
tubérculos cosechados que se hallan infectados resultan poco apropiados para
almacenarlos en cámaras, ya que la enfermedad permanece latente a bajas
temperaturas y se reactiva cuando los tubérculos son retirados del frío.
Si son plantados posteriormente constituirán el inóculo
primario para infectar un nuevo cultivo.
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Foto 1. Click para ampliar |
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SÍNTOMAS
En el follaje aparecen lesiones de color castaño oscuro y
aspecto húmedo, que en pocos días se vuelven más claras cuando están secas.
Las características más importantes de estas manchas son que comienzan por los
bordes de las hojas, de forma irregular y no respetan las nervaduras (Foto
1). En
condiciones de alta humedad ambiente, se hace visible la esporulación blanca
del patógeno (micelio), principalmente en el envés de las hojas.
Algunas veces se forma un borde amarillo pálido alrededor
de la lesión de la hoja que coincide con el progreso de la enfermedad. En los
tallos, las lesiones son negras o castaño oscuro. En los pecíolos, produce los
mismos síntomas que avanzan hasta producir la defoliación total de la planta.
El micelio produce innumerable cantidad de esporas (zoosporas) que son lavadas
por la lluvia o riego, penetrando en el suelo a través de grietas, alcanzando
los tubérculos e infectándolos a través de heridas o de las lenticelas. Este
proceso se ve sensiblemente favorecido en condiciones de exceso de humedad en el
suelo. Cuando la infección se generaliza, el patógeno invade todo el tejido
del tubérculo, ocasionando una pudrición seca de color castaño oscuro (papa
chocolate) que generalmente termina en una pudrición húmeda porque es invadido
por patógenos secundarios, principalmente bacterias. Temperaturas de 10ºC a 25ºC
junto a rocíos abundantes o lluvias y suelos saturados favorecen el desarrollo
de la enfermedad.
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Foto 2. Click para ampliar |
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El patógeno vive naturalmente en el suelo; al cultivo de
papa sólo afecta tejido vegetal vivo. Por esta razón, las plantas espontáneas
de papa y los tubérculos desechados en campos adyacentes son fuente secundaria
de infección y deben ser eliminados.
Los cultivares de papa más difundidos en la Argentina son
susceptibles aunque en la actualidad existen fuentes genéticas de resistencia a
la enfermedad. Dada la importancia y los efectos que la enfermedad produce en el
cultivo, se la controla químicamente. para lograr un cultivo rentable
económicamente. Las estrategias para el correcto control del tizón tardío se
basan en la aplicación preventiva de funguicidas durante todo el ciclo del
cultivo. La frecuencia de las aplicaciones depende de las condiciones
climáticas y del momento del ciclo del cultivo. La más común varía entre 7 y
14 días, según se consideren funguicidas no-sistémicos o de contacto y
sistémicos. Obviamente la frecuencia de aplicación aumentará cuando persisten
condiciones climáticas favorables para el desarrollo de la enfermedad y cuando
la masa vegetal sea abundante y el cultivo se encuentre en plena tuberización.
Foto 2.
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Durante las primeras etapas del cultivo (80-85 días) se
recomienda la utilización de funguicidas sistémicos para obtener las mejores
ventajas fisiológicas; éstos pueden ser también usados en la parte final del
cultivo. No se recomienda el uso de funguicidas sistémicos en forma continua
para evitar la posible selección de cepas resistentes del patógeno. Existen
resultados positivos en cuanto a que estos funguicidas aumentan su eficiencia en
el control de la enfermedad cuando son utilizados en intervalos entre
aplicaciones de 7 días y en dosis correspondientes. No existe ninguna razón
técnica que sustente la difundida creencia que mezclando funguicidas
protectores (no-sistémicos) en la misma aplicación, se aumenta la eficiencia
de control de la enfermedad y disminuye la selección de resistencia.
La rotación de fungicidas protectores (no-sistémicos)
durante el cultivo no tiene ningún efecto sobre la selección de cepas de P.
infestans resistentes.
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