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Setiembre 2003
Introducción
En ciclos de 10 a 12 años se producen períodos de mínimas y
máximas de lluvias; unas y otras tienen sus efectos negativos en la evolución de
la actividad agropecuaria.
Los dos extremos causan pérdidas cuantiosas, anulan el
esfuerzo de los meses anteriores y distorsionan las planificaciones de la
rotación de los cultivos. Si bien los efectos de las sequías pueden ser
atenuados mediante la utilización de forrajes conservados, en cambio, los
excesos de lluvias producen inundaciones en las zonas bajas, en las hoyas
naturales o en las cuencas de recepción.
En 1960/61 hubo abundantes lluvias en la pampa húmeda, con
grandes inundaciones por el alud de aguas de las zonas más altas que destruyeron
zonas cultivadas y atrasaron la preparación de las tierras en uno, dos ó más
meses.
Aproximadamente diez años después, en la campaña 1970/71,
se repite el ciclo y se producen sequías e inundaciones. El historial continúa
hasta el presente.
Las autoridades de turno, a solicitud de los productores
afectados, solo atina a enviar delegaciones técnicas para evaluar y constatar la
magnitud del desastre, declarar zona de emergencia tal o cual región de la
provincia de Buenos Aires o Santa Fe, que sólo favorece al productor para los
fines crediticios, pero que no constituye una solución integral y definitiva,
pues indefectiblemente se repetirán los ciclos de mínimas y máximas de lluvias
después de cierto tiempo.
La canalización y desagües, las obras de endicamiento o
tajamares efectuadas en varios puntos para frenar el avance de las aguas, no son
soluciones agronómicas, los canales llevan millones de metros cúbicos de tierra
fértil al mar y los endicamientos, si bien forman espejos de agua de cierta
superficie donde pueden efectuarse siembras de alevinos o formar centros de
esparcimientos, son de vida útil limitada para sus fines específicos, pues la
capacidad de recepción disminuye en períodos relativamente cortos a raíz del
embancamiento producido por la sedimentación de los materiales en suspensión.
Obras que han costado grandes inversiones pierden su
finalidad en pocas décadas. El exceso de agua no debe perderse en el mar; se
debe almacenar en el subsuelo para las épocas de sequía; tampoco el sedimento
depositado por las crecientes debe llenar los tajamares.
En Buenos Aires las zonas azotadas por las inundaciones
corresponden a:
- La Depresión del Río Salado, que ocupa el
centro-este de la provincia y desemboca en la Bahía de Samborombón. Las
ciudades de Dolores, Maipú, Rauch, Saladillo, 25 de Mayo, Bragado, Chivilcoy,
Mercedes, Cañuelas, Brandsen, Chascomús, bordean a esta depresión y sus
regiones son las más afectadas por las aguas provenientes de zonas altas desde
Junín y las serranías bonaerenses.
- Las encadenadas del Oeste, conformadas por las
lagunas de Epecuén, Venado, del Monte, Cochicó y Alsina ubicadas en los
partidos de Adolfo Alsina y Guaminí.
Por qué Forestar
Los vegetales toman agua del suelo con sus raíces y merced
a la energía solar, realizan sus actividades fisiológicas y evapotranspiran gran
parte del agua absorbida. Algunas plantas evapotranspiran hasta 5 gramos de agua
por decímetro cuadrado de superficie foliar, por hora. Además, algunos árboles
como pinos y eucaliptos, interceptan en el follaje hasta el 30 % del total de
lluvias moderadas, disminuyendo el escurrimiento superficial.
Ante abundancia de agua, un árbol puede evapotranspirar
centenares y aún miles de litros diarios en un día caluroso y ventoso. Tal es el
caso de los eucaliptos. A tal punto que uno de los principales inconvenientes
observados por diversos investigadores en bosques de eucaliptos de zonas bien
drenadas (por ejemplo el este uruguayo), es que han deprimido la napa freática
como para dificultar otras actividades.
Estudios realizados en Nigeria, indican notables mermas en
la escorrentía superficial, en algunos casos superiores al 20 % en áreas
forestadas con Eucalyptus globulus, comparado con pinos y con pastizales
naturales. En la India, los mayores cuestionamientos motivados por las
importantes plantaciones de Eucaliptos se deben a su impacto sobre el agua
subterránea, llegando a denunciarse la inutilización de plantas de bombeo por
descenso del agua freática.
En suma, los árboles y en particular los Eucaliptos, son
muy importantes en la evaporación del agua subterránea. Considerando un
eucalipto de porte medio, con unos 100 metros cuadrados de superficie foliar,
puede estimarse una evapotranspiración media de 500 litros por día en primavera
/ verano (0,5 metros cúbicos por día). Así unos 10.000.000 de plantas
constituirían lo que puede llamarse un sistema natural de bombeo que evaporaría
5.000.000 de metros cúbicos de agua por día; o sea, cerca de 60 metros cúbicos
por segundo. Esa cantidad de plantas cubrirían apenas unas 10.000 hectáreas.
Dónde forestar en el caso de las Encadenadas
a) Debería estudiarse la realización de líneas de forestación hacia el
oeste y noroeste de las Encadenadas, para interceptar el flujo subterráneo en
manto proveniente desde los extensos campos arenosos de ese sector.
b) Forestar con especies apropiadas los faldeos de las sierras y las
porciones de las cuencas de los arroyos que están por encima de los 200 m y que
drenan hacia las encadenadas. Esto interceptaría parte de la lluvia en el
follaje y en el suelo, y también favorecería la infiltración, disminuyendo los
picos del flujo superficial hacia las lagunas luego de lluvias importantes. Si
bien la mayor infiltración aumentaría el flujo subterráneo, éste sería
interceptado por la forestación aguas abajo.
c) Debería forestarse donde es importante el flujo hídrico subterráneo
hacia las lagunas. Esto es, por ejemplo, la porción inferior de los valles de
los arroyos que bajan desde las Sierras australes.
d) Además, la adecuada forestación de un porcentaje de todas las
regiones mal drenadas del resto de la provincia, permitiría aumentar la
capacidad de absorción de los acuíferos subterráneos en todo momento.
En suma con todo ello por un lado disminuiría el flujo
superficial después de cada lluvia, dado el poder de retención de los bosques.
Por otra parte, se mantendría un nivel freático relativamente deprimido en toda
la región, aumentando la capacidad de infiltración, esto funcionaría como un
pulmón que permitiría retener mayor cantidad de agua en el subsuelo durante la
lluvia. Este efecto podría alcanzar una magnitud tal, que llegue a eliminar el
flujo subterráneo hacia las cuencas sin salida al mar.
Defensas forestales en la Depresión del Río Salado
La intensidad de este alud puede disminuirse o anularse con
la formación de defensas forestales. El árbol colocado en terreno en pendiente
forma con sus raíces diques naturales que favorecen la penetración del agua y
retarda el escurrimiento hacia las zonas bajas.
Las periódicas inundaciones en la cuenca del Salado
adquieren caracteres catastróficos por el alud que baja de regiones más altas al
no encontrar el obstáculo natural de bosques; por eso las defensas forestales
deben proyectarse formando arcos concéntricos perpendiculares a la pendiente.
Tomando como base la Bahía de Samborombón, se deben
proyectar arcos cuya separación descenderá hacia arriba, pues es necesario
disminuir la velocidad del alud, que se inicia en las zonas altas y se
acrecienta con la pendiente. En visión panorámica las defensas forestales
propuestas se presentan como arcos contínuos concéntricos, abiertos hacia el
mar. Pero las defensas no deben ser contínuas, sino macizos alargados de 800 a
1000 metros de largo por 60 a 70 metros de ancho, formados por hileras de
árboles cuya densidad de plantación podrá variar, según las especies forestales
elegidas, de 3 a 6 metros en plantación alternada, separadas lateralmente en 500
metros.
Los arcos o defensas deben estar separadas en 1000 metros
en las zonas de fuertes pendientes y esa separación debe aumentar en 2 a 3 km al
acercarse al centro de la hoya. Para facilitar la penetración del agua al
subsuelo se aconseja mantener bien cultivada un ancho de 100 m pendiente arriba
de las defensas.
En caso de forestar con casuarinas el total de plantas es
de 60 millones de plantas y con eucaliptos 252 millones.
Especies
Las especies forestales elegidas deben ser preferentemente
de hoja perenne para protección permanente, de raíces profundas y ramificadas,
para mayor anclaje; de rápido crecimiento resistentes a las inundaciones durante
los primeros años.
Las especies aconsejables son :
- Casuarina cunninghamiana. Es una planta rústica, de follaje
compacto, raíz pivotante y ramificada; la distancia de plantación debe ser
amplia para no perder ramificación lateral de sus raíces o sea de 6 x 8 a 6 x
10 metros.
- Eucalyptus camaldulensis, E. rudis, E. umbellata y E. viminalis.
Se comportan bien en esta región y el distanciamiento sugerido es de 3 x 3 m.
Cabe aclarar que en general los eucaliptos no adquieren buen anclaje y tienden
a caer en la edad adulta, especialmente si ha estado bajo el efecto de
inundaciones.
- Acacia melanoxylon. Si bien no adquiere el crecimiento en
altura de las anteriores, puede utilizarse para esta finalidad.
- Salix nigra 4. Es un clon de sauce muy apropiado para
forestar los sitios con agua permanente denominados “bajos dulces con
espadaña”. Es de follaje caduco. Posee gran rusticidad y adaptabilidad al
medio. Presenta un agresivo sistema radicular lo que le brinda gran
sobrevivencia y poder de colonización del área forestada. Follaje caduco.
- Salix matsudana x Salix alba – clon 1344. Es otro clon de
sauce de mayor rusticidad que el anterior adaptado para sobrevivir en suelos
denominados como “bajo dulce” que presentan la particularidad de secarse
durante la temporada estival. Follaje caduco.
Beneficios Complementarios de la Forestación
Beneficios económicos
La forestación bien estudiada no atenta contra las tareas
agropecuarias. Primero, porque sólo debería forestarse un porcentaje a
establecer mediante estudios adecuados; en una primera aproximación y como
prueba piloto, éste podría oscilar entre el 10 % y el 20 % de las superficies
inundables. Por otra parte, los campos bajos, actualmente fáciles de inundar o
de encharcar, históricamente útiles sólo para ganadería extensiva en el mejor de
los casos, podrían mejorar y adaptarse para labores más redituables.
Paralelamente, la forestación demanda mano de obra
intensiva, tanto en viveros como en el manejo del bosque, por lo que sería una
fuente de trabajo importante. Además produce materias primas cuyos productos
elaborados tienen demanda nacional y mundial: maderas diversas con las especies
de eucaliptus en las zonas más elevadas; maderas para pulpa y papel con aquellas
especies blandas adecuadas a las áreas más bajas; leña y carbón de leña.
Así la forestación tendría un efecto multiplicador sobre la
economía provincial, generando diversas industrias complementarias: aserraderos,
fábricas de elementos de madera (muebles, puertas, ventanas, etc.), fábricas de
aglomerados para utilización de virutas y aserrines, fábricas de pulpa y papel;
fabricación de carbón de leña. Y todo esto abriría una perspectiva nueva a las
exportaciones no tradicionales.
Otros beneficios ambientales
Además de la potencial solución al problema de las
inundaciones se generarían otros beneficios ambientales , importantes no sólo
para la provincia, sino para el planeta. Es sabido que la biomasa de los
vegetales está formada principalmente por compuestos de carbono (celulosa,
azúcares, almidones, etc.) Para producirla toman dióxido de carbono de la
atmósfera y lo combinan con otros elementos químicos, gracias a la energía
recibida del sol.
Mientras mas árboles existan, mayor cantidad de dióxido de
carbono tomarán de la atmósfera. Así contrarrestarán, al menos en parte, el
potencial calentamiento mundial en virtud del conocido efecto invernadero. Pero
además debe tenerse en cuenta que la quema de combustibles fósiles (carbón de
piedra, petróleo, gas natural) introduce en la atmósfera un enorme volumen de
dióxido de carbono que estuvo sepultado en el subsuelo terrestre durante
millones de años.
Entonces la sustitución parcial de esos combustibles por
carbón vegetal y por leña establecería un ciclo cerrado para una parte del
dióxido de carbono: por un lado la quema de leña y leña lo liberaría a la
atmósfera y por otro lado la forestación lo tomaría de la misma. Ello
disminuiría la actual tendencia en el incremento de ese gas en la atmósfera. De
ese modo disminuiría el efecto invernadero y el potencial calentamiento futuro
de la atmósfera. Esto es uno de los puntos básicos del Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en la lucha contra la emisión de dióxido
de carbono.
El pronóstico climático indica que si durante el corriente
siglo ocurre un acentuado calentamiento atmósferico mundial, las lluvias podrían
incrementarse aún mas en la provincia de Buenos Aires. Entonces, puede verse que
cualquier forestación a su vez ayudaría a que las lluvias no aumenten al ritmo
posible.
Consideraciones finales
Como crítica hay quienes pueden argumentar que
históricamente la forestación fue una actividad poco tentable en la Provincia de
Buenos Aires, debiendo ser subsidiada por el Estado. Pero en la misma línea de
argumentos debe pensarse que el Estado ha subsidiado con sumas fabulosas, más de
un siglo de lucha contra las inundaciones; y aún no hay resultados.
Por otro lado podrá argumentarse que durante períodos
prolongados de falta de lluvias, la forestación produciría un efecto indeseable
al disminuir las reservas de agua subterránea. Este tema deberá analizarse
detenidamente, pero no escapa a las consideraciones efectuadas.
La forestación deberá ordenarse con criterios silvícolas
adecuados. No será el caso de plantar un bosque y dejarlo librado a su destino
natural.
Para que el mismo funcione como efectivo bombeador a agua y
para que produzca beneficios económicos extra produciendo biomasa útil (maderas,
fibra para papel, leña, etc.) el bosque deberá ser cuidado desde sus inicios,
con podas adecuadas y con talados oportunos.
Como la tala es planiflicable en el tiempo, entonces en
función del crecimiento constatado en los bosques y para no afectar su acción
evaporante, deberá planificarse adecuadamente el momento en que se deberá
reforestar.
Además, ante episodios prolongados de sequías que pudiesen
disminuir en exceso la reserva de agua subterránea, podrán talarse cantidades
adecuadas de árboles en función de la acción evaporante del bosque.
Para esto deberá incrementarse el apoyo a las
investigaciones realizadas para lograr tener información sobre pronósticos
climáticos de largo plazo (a seis y más meses vista) de mayor precisión que los
actuales, que ya los hay, aunque aún estén poco difundidos. Con tales
pronósticos, podrá adecuarse el manejo del bosque a las probables perspectivas
climáticas de mediano y largo plazo. Aunque esto debe ser motivo de más y
mejores estudios interdisciplinarios, de todos modos no se presenta ya como una
cosa imposible para quienes están trabajando seriamente en el tema.
Tras un siglo largo de caminar en una dirección, sin haber
avanzado un paso, tal vez sea el momento de intentar otro rumbo.
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