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Instituto Nacional
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Situación actual de la tecnología de producción de trigo en el sudeste bonaerense

 

Juan M. Erreguerena

GOT Sudeste, EEA Balcarce-INTA

Abril 2003

 

En el intento diario de optimizar la tarea de extensión y transferencia de tecnología a partir de la información que se genera en la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce, comenzamos a discutir en el seno del Grupo Operativo Sudeste acerca de cuál era el nivel de adopción de las propuestas tecnológicas en las distintas actividades que se desarrollan en la región.

Todos los integrantes por su cotidiano contacto con el medio manifestamos en cierta forma conocer lo que sucede al respecto, pero a la hora de cuantificar de modo concreto la información aparecen algunas dudas por no contar con datos sistematizados. Con el fin de validar sólidamente las observaciones, decidimos realizar un relevamiento en el ámbito de nuestra región. Para el caso del cultivo de trigo, elaboramos una encuesta sobre uso de tecnología durante el año 2002-2003. Las entrevistas se realizaron en las distintas comunidades a partir del ingreso accidental de productores a agronomías, acopios, fundación de aftosa y a encuentros casuales en la calle.

El resultado de las mismas nos aporta una valiosa información para definir estrategias de acción en las distintas comunidades y para realizar aportes al individuo que, desde nuestro punto de vista, es indirectamente el principal difusor de la información generada en la Unidad Integrada FCA-INTA Balcarce, EL INGENIERO AGRONOMO.

 
 

Gráfico 1. Clik para ampliar

 

 

Gráfico 2. Clik para ampliar

 

 

 

Gráfico 3. Clik para ampliar

 

Análisis:

Según podemos observar en el gráfico 1 y gráfico 2, de la tierra con capacidad de uso agrícola, en la campaña pasada se destinó el 82 % a agricultura, siendo el trigo el que ocupó el área principal con 53,5 %, seguido por el girasol con 31,7 %, maíz con 6,9 % y soja con 4,9 %.

Podemos decir que los productores encuestados son trigueros y girasoleros, ya que un 76 % siembra trigo, un 73 % siembra girasol, un 15 % maíz y un 10,5 % soja, cultivo que sin dudas viene creciendo en forma sostenida, tanto en área como en cantidad de productores.

Solo el 6 % del campo agrícola se siembra de pastura, esa proporción equivaldría a una rotación de 4 años de pastura y 19 años de agricultura. Si reflexionamos cómo ello afecta la productividad en los sistemas bajo labranza convencional, podemos afirmar que existen muchos sistemas con un bajo grado de sustentabilidad, mucho más si tenemos en cuenta que hay una considerable cantidad de productores que tienen pastura más de cuatro años en su superficie agrícola o que poseen rotaciones con menos años de agricultura.

Esto es una demostración del nivel de agriculturización que ha tenido nuestra región y realza la importancia de los sistemas de producción basados en siembra directa. Al respecto en el gráfico 3 se observa que el 18 % del área de trigo está bajo este sistema, con un considerable horizonte de expansión, ya que un 36 % de los productores manifestaron estar empezando a incursionar en siembra directa y ellos producen el 58 % del área de trigo encuestada.

Siguiendo con el análisis de este gráfico, vemos que el sistema de labranza convencional que predomina es el disco pesado con un 41 %, le sigue el cincel 25 % y por último la reja con 16 % del área de trigo encuestada. Esto explicaría, en cierta forma, una tendencia a la generalización de problemas con raigrás y caapiquí en la implantación del trigo, fundamentalmente dada por dificultades para controlarlos mediante la labranza durante el barbecho.

Acerca de los antecesores podemos comentar, que tanto los rastrojos de girasol como de soja casi siempre que existieron fueron utilizados con trigo. En relación con los rastrojos de maíz, muchos productores los utilizaron sembrando trigos de ciclo corto, sobre todo en convencional. La proporción de este antecesor en directa fue algo menor, posiblemente por las dificultades que causa manejar grandes volúmenes de rastrojo. Otro antecesor típico de la zona son los rastrojos de papa. El cultivo de trigo sobre trigo estuvo presente en toda la región pero tuvo mayor proporción en las zonas donde existen algunas limitantes de tosca.

 
 

Gráfico 4. Clik para ampliar

 

Analizando el gráfico 4, vemos que el 40% del área se sembró con trigos de ciclo largo, el 23 % con ciclos intermedios y el 37 % con ciclos intermedio-cortos. Existió una considerable dispersión en cuanto a las variedades de ciclo largo utilizadas, distribuyéndose la mayor parte de la superficie entre Estrella, Guapo, Farol, Arriero y Baguette 10, sin que predominara en forma significativa una sobre las demás. Respecto a Baguette 10 en particular, el área destinada a esta variedad estuvo cerca del 6 % del área total de trigo encuestada, pero cabe mencionar que muchos productores manifestaron su intención de darle mayor participación en la campaña 2003-2004.

Respecto a los trigos de ciclo intermedio, predominaron Poncho, Sureño, Chambergo y Panadero, destacándose la presencia de Poncho en una considerable proporción de productores, aún con pequeña superficie. De los ciclos intermedios a cortos, se sembraron predominantemente Dragón, Pronto, Don Enrique y Guaraní, destinándose la mayor proporción del área encuestada a los 3 primeros. Cabe comentar que sólo el 57 % de los productores manifestaron realizar un análisis de la semilla antes de la siembra.

 
 

Gráfico 5. Clik para ampliar

 

 

Gráfico 6. Clik para ampliar

 

Cuando enfocamos el análisis a la fertilización del cultivo de trigo (gráfico 5), vemos que un 85,6 % del área se fertilizó con fósforo y nitrógeno y un 12,6 % sólo con fósforo, aludiendo varios encuestados no haber podido usar urea porque faltó provisión al momento de aplicarla y otros que lo hicieron tarde por el mismo motivo. Respecto a las dosis de fósforo, se observan variaciones según zonas, siendo algo menores en las áreas con historia papera respecto de las que no la tienen. Las dosis de nitrógeno son muy variables, destacándose que en general las mayores se observaron en paquetes que contenían Baguette 10. Sólo un 43 % de los productores manifestó hacer análisis de suelo para diagnosticar necesidad de fertilización en trigo y predominó la aplicación de 70-80 kg/ha de DAP y 100 kg/ha de urea.

Respecto a otras prácticas agronómicas (gráfico 6), vemos que al 16 % del área de trigo relevada se le aplicó fungicida, siendo Baguette10 la variedad más curada, probablemente por el paquete tecnológico que de antemano el productor se propuso al elegirla, dado que el año pasado no fue la única variedad que se enfermó. En general también se observó una mayor tendencia al uso de fungicida por las empresas de escala media alta, probablemente por el grado de profesionalización en su manejo. Se regó el 6 % del área de trigo encuestada y, lo más destacado es que el 94% de los productores regantes está en siembra directa o han empezado a incursionar en este sistema.

El 3 % del área de trigo relevada se destinó a soja de segunda, observándose un crecimiento paulatino en la intención de realizar esta práctica, así como una vuelta al uso de herbicidas como 2,4D o MCPA con Dicamba en los lotes que se destinan a este cultivo.

Reflexiones o Consideraciones

Del análisis de estas encuestas surgen algunos conceptos para destacar:

  • Sin duda el trigo es el principal cultivo en nuestra región.
  • Dado el nivel de agriculturización actual, debemos fomentar un mayor uso de la siembra directa como el único sistema de labranza que permite sostenerlo en el tiempo. Por suerte su crecimiento es constante y muestra un potencial muy interesante en el mediano plazo.
  • La distribución de uso de variedades parecería adecuada para evitar cualquier sorpresa ante una eventual rotura de resistencia por parte de enfermedades y para mantener todavía a la zona como productora de trigos de calidad, no obstante el crecimiento en el uso de variedades de grupo 3 de los últimos años.
  • Llama la atención la alta cantidad de productores que no analiza la semilla que siembra, al respecto hace falta concientizarlos acerca de los beneficios que ello trae.
  • Si bien se observa una alta proporción de superficie fertilizada, debemos desarrollar una estrategia que apunte a consolidar la propuesta de fertilizaciones basadas en análisis diagnóstico, puesto que ellos tienen una elevadísima relación beneficio/costo.
  • Queda mucho terreno por recorrer en todo lo referente a la decisión de control de enfermedades en el cultivo de trigo, no se la puede atar solo a un paquete determinado. Hay muchos trabajos que demuestran a esta altura su conveniencia de uso en determinadas circunstancias.
  • Por último, reflexionar acerca de la necesidad de destinar tiempo suficiente a recorrer los lotes de trigo durante todo el ciclo, organizar mecanismos sistemáticos de toma de información para facilitar la toma de decisiones y poder arbitrar la solución de problemas con la máxima eficiencia, utilizando las herramientas que se adquieren en jornadas como la que estamos hoy.

 

 
 

 

 

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